|
“Oración y curación” es el
título de la reflexión homilética del sacerdote y teólogo José-Román Flecha
Andrés para el domingo 5 de febrero de 2012
“Al acostarme pienso: ¿cuándo me
levantaré? Se alarga la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba”. Esas
palabras que se leen hoy en el libro de Job (Job 7, 1-7) han sido repetidas
miles de veces a lo largo de los tiempos. Todos los enfermos y todos los que
sufren por cualquier causa se verán reflejados en ellas.
Job representa muy al vivo la desgracia
de todos los que se ven acosados por el dolor y la desgracia, por la enfermedad
y la muerte. Sus protestas son legítimas y más que comprensibles. El mal es el
mal por muchos adornos que tratemos de colocarle. Y la enfermedad es un fallo
de la salud. Es el fracaso de la
aventura humana.
Los amigos de Job pretenden
convencerle de que su mal se debe a algún pecado oculto. Como solía hacer la
tradición, vinculan el mal físico al mal moral. Es verdad que en algunas
ocasiones un mal comportamiento puede deteriorar la salud de la persona. Pero
Dios no juega a castigar a los malos con la enfermedad.
EL TERAPEUTA
En el evangelio se recuerda el
primer día de la vida pública de Jesús. Aquel primer sábado, en la sinagoga de
Cafarnaúm se había encontrado ya con un enfermo que a gritos lo reconocía como
el Santo de Dios. Después, al llegar a casa de Pedro y Andrés, encontraría en
cama a la suegra de Pedro, aquejada por la fiebre (Mc 1, 29-39).
Con tres verbos, el relato
evangélico nos acerca a un momento importante: “Jesús se acercó, la tomó de la
mano y la levantó”. Se podría decir que esas tres acciones resumen la misión de
Jesús como terapeuta, tal como lo recordarán las comunidades primitivas. Jesús
nos trae de parte de Dios la salud y la salvación.
En efecto, gracias a la presencia
de Jesús, la enferma se levanta y se pone a servir a su familia y al huésped.
Él es el liberador. Libera “de” la esclavitud del mal y libera “para” la
realización del bien. Los seguidores del Maestro entenderán que su acción
capacita a la persona para el servicio a los demás.
El evangelio recuerda que aquel
día curó a muchos enfermos. El texto es sin duda un sumario que resume la
futura actividad de Jesús. Pero también su libertad, que no se deja anular ni
seducir por las demandas de la multitud. Por eso sabe retirarse a orar en la
soledad. En la oración encuentra su fuerza y el sentido de su misión.
EL BUSCADO
El que ha hablado durante el día
con autoridad y en la tarde ha curado con sincera compasión a los enfermos es
capaz de retirarse en silencio a la aparente inacción de la plegaria. “Todo el mundo te busca”. Eso le dicen
sus discípulos al encontrarlo de madrugada después de que él se retirara a orar
• “Todo el mundo te busca”. La
frase recordaba la tradición de Israel. Los hebreos fieles a la Ley de Moisés
eran calificados como “los buscadores de Dios”. Ahora las gentes buscaban a Jesús.
En esa búsqueda se manifestaba la fe de los creyentes, pero también la dignidad
divina del Maestro.
• “Todo el mundo te busca”. La frase
también evoca la sed de la humanidad que, insatisfecha con sus logros, anhela
la salvación. Son muchos los que buscan un sentido para su vida. Sin saberlo,
tratan de vivir de acuerdo con unos valores que se encuentran reflejados en la
vida y el mensaje de Jesucristo.
• “Todo el mundo te busca”.
Finalmente, la frase de los discípulos interpela también hoy a todos los
cristianos. No nos salvarán ni el saber ni la técnica. No nos salvan las
ideologías ni la política. No podemos salvarnos a nosotros mismos. Sólo nos
salvará Jesús, el Mesías de Dios. Buscarle a Él es ponerse en el buen camino.
-Señor Jesús, que has venido para
anunciar la buena noticia de la salvación, cura tú nuestras heridas y enséñanos
a orar. Amén.
José-Román
Flecha Andrés
Universidad
Pontificia de Salamanca
|