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“Sois un tesoro para la Iglesia”: Con estas palabras, el Obispo ha agradecido el trabajo
y la labor que realizan todas aquellas personas que han entregado su vida a
Dios y se han consagrado a Él.
Con una Misa de Acción de Gracias en la Santa Iglesia Catedral es como
hoy las religiosas y religiosos de la Diócesis de Córdoba han celebrado la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. 
La ceremonia ha estado presidida por Mons.
Demetrio Fernández y concelebrada por miembros del Cabildo Catedralicio junto a
distintos sacerdotes de la
Diócesis. Además, ha contado con la participación del Coro
Capilla de la Santa Iglesia
Catedral.
En la homilía, el Sr. Obispo se ha dirigido
a todos los representantes de los diferentes institutos de Vida Consagrada y
Contemplativa que sirven a nuestra Diócesis, manifestándoles que “son un reclamo permanente a la vida amorosa”.
Haciendo referencia a la Palabra de Dios que nos
presenta el Evangelio de San Marcos, ha planteado la pregunta: ¿Qué hace Jesús en un día ordinario en tu
vida? Al hilo de esto, ha contestado que “oración, tarea apostólica en la sinagoga y en calles, así como atención
a los enfermos”. Además, también ha destacado la lucha directa contra Satanás,
venciéndolo con oración y el ayuno, entre otros.
Posteriormente, el prelado se ha referido a
la primera Lectura, donde ha hecho alusión al lema escogido para la Jornada de este año: “Ven y sígueme”. Vida Consagrada y Nueva
Evangelización. Ha explicado que desde el comienzo de la Iglesia ha existido la Vida Consagrada cuando Jesús
llamó a los Apóstoles y ellos dejaron todo para seguirle. “La vida consagrada es entregarse al servicio del Cuerpo de Cristo”,
ha indicado.
Por otro lado, ha afirmado que la Vida Consagrada ha de mirarse
en la perspectiva del seguimiento de Cristo y de servicio a los demás. En este
sentido, ha asegurado que la
Vida Consagrada “es un
verdadero tesoro no solo para la
Iglesia, sino también para la Diócesis cordobesa y para
la humanidad”.
Finalmente, ha concluido recordando a todos
los presentes en la
Eucaristía que “es una
alegría vivir en la comunión con la
Iglesia”.
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