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Ayer por la mañana, después de rezar el ángelus,
Benedicto XVI recibió a una delegación del “Servicio Misionero de los jóvenes”,
guiada por su fundador, Ernesto Olivero y por el alcalde de la ciudad italiana
de Turín, Piero Fassino
En el curso de este encuentro, el Santo Padre recibió el
premio “Artesano de la Paz”, con la siguiente motivación: “A Benedicto XVI, una
voz que lleva hacia la verdad, hermana de la paz”. Este premio es un
reconocimiento instituido en 1981 que cada año el “Servicio Misionero de los jóvenes”
entrega a las personalidades que se distinguen por su contribución a la
construcción de la paz y del bien común.
La delegación estaba compuesta por un grupo de jóvenes
italianos de Turín, junto a otros procedentes de Jordania, Brasil y Alemania.
Todos ellos, recordamos, formaban parte de los siete mil participantes en su IV
Cita mundial, programada para el sábado pasado con el Santo Padre Benedicto
XVI, que habría tenido que celebrarse en el Aula Pablo VI del Vaticano, pero
que debió anularse a causa del mal tiempo.
Su fundador aprovechó esta ocasión para trasmitir al Papa
los saludos de Monseñor Cesare Nosiglia, arzobispo de Turín; y el alcalde de
esta ciudad el saludo afectuoso de todos sus ciudadanos, junto con su deseo de
poder acogerlo pronto en su ciudad. (María Fernanda Bernasconi – RV).
Después del encuentro con Benedicto XVI, Ernesto Olivero
contó, ante nuestros micrófonos, la alegría y bella emoción que vivió con el
grupo de jóvenes, que le acompañaba, y la cordial acogida que recibieron del
Papa, junto con su interés por la misión que desarrollan ahora en Jordania:
RealAudioMP3
«El Santo Padre estaba apenado por no habernos podido recibir
a los siete u ocho mil, el sábado, pero nos dijo que estaba muy feliz al poder
saludar al menos a algunos. Eso nos hizo vivir una emoción especial. Le
quisimos entregar el premio Artesano de la paz, con una placa que dice: «A
Benedicto XVI, una voz que lleva hacia la verdad, hermana de la paz’. Él quiso
conocer el trabajo que estamos realizando en Jordania. Y le dijimos que lo
quisimos llamar Arsenal del Encuentro, porque anhelamos abrir un futuro no
sobre palabras, sino sobre los sufrimientos. Se llama Arsenal del Encuentro
porque queremos encontrarnos a través de la atención a los niños discapacitados
– musulmanes y cristianos – para que el sufrimiento nos ayude a encontrarnos
con un enfoque distinto. Es nuestra intuición»
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