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Benedicto XVI con el mundo del voluntariado en Austria (9 de septiembre de 2007) Discurso completo Imprimir E-Mail
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Escrito por Administrator   
miércoles, 12 de septiembre de 2007

En el Palacio de conciertos de Viena Benedicto XVI se ha encontrado esta tarde con los voluntarios del país. A ellos el Pontífice ha dirigido palabras de admiración por su trabajo:Image

“Es bonito encontrar personas que en nuestra sociedad intentan dar al mensaje del Evangelio un rostro; ver a personas ancianas y jóvenes, que hacen concretamente experimental, en la Iglesia y en la sociedad, ese amor del cual nosotros como cristianos estamos conquistados: es el amor de Dios que nos hace reconocer en el otro al prójimo, al hermano o a la hermana”.

 

DISCURSO COMPLETO

 
Honorable Señor Presidente Federal,
Reverendísimo Mons. Arzobispo Kothgasser,
Queridos colaboradores y colaboradoras voluntarios y honorarios
De los varios Organismos asistenciales en Austria,
Ilustres Señoras Señores
y sobretodo: queridos jóvenes amigos!

 
He esperado con particular gozo este encuentro con vosotros que se realiza hacia el final de mi visita a Austria. Es bello encontrar personas que en nuestra sociedad buscan de dar un rostro al mensaje del Evangelio; ver personas ancianas y jóvenes, que hacen palpable en la Iglesia y en la sociedad de manera concreta, aquel amor del cual nosotros como cristianos hemos sido conquistados: es el amor de Dios que nos hace reconocer en el otro el prójimo, el hermano o la hermana! Estoy plenamente agradecido y admirado por el generoso compromiso en el voluntariado de tantas personas de diversa edad en este País, a todos vosotros y a aquellos que revisten un encargo a titulo gratuito en Austria, y deseo expresaros hoy mi particular consideración. Agradezco de corazón a Usted, Señor Presidente, a Usted, querido Arzobispo de Salzburgo, y sobretodo a vosotros, jóvenes representantes de los voluntarios en Austria, por las amables palabras que previamente me han sido dirigidas.

 
Gracias a Dios es para muchos una cuestión de honor comprometerse voluntariamente por los demás, por una asociación, por una unión o por determinadas situaciones de bien común. Un compromiso tal significa sobretodo una ocasión para formar la propia personalidad y para insertarse con una contribución activa y responsable en la vida social. La disponibilidad a una actividad de voluntariado, se basa a veces sobre múltiples y entre ellas, diversas motivaciones. A menudo simplemente se encuentra al origen el deseo de hacer alguna cosa que tenga sentido y sea útil y de abrir nuevos campos de experiencia. Los jóvenes buscan en ello, naturalmente - y con justa razón también - gozo y experiencias bellas, una vivencia de auténtica camaradería, en una común actividad rica de sentido. A menudo las ideas y las iniciativas personales se entrelazan con un activo amor del prójimo; de esta manera el sujeto viene integrado en una comunidad que lo sostiene. Desearía a este punto expresar mi muy sentido agradecimiento por la acentuada “cultura del voluntariado” en Austria. Quisiera agradecer a cada mujer, cada hombre, a todos los jóvenes y a todos los niños – el compromiso de voluntariado de los niños es imponente; baste pensar sólo a la acción de los “Sternsinger” -estrellas cantantes- en las navidades. Quisiera sobretodo agradecer por aquellos pequeños y grandes servicios y fatigas que quizás no siempre se ven. Gracias y “Vergelt’s Gott” “Que Dios os lo Pague”, por vuestra contribución a la edificación de una “civilización de amor”, que se pone al servicio de todos y crea Patria! El amor del prójimo no se puede delegar; el Estado y la política, con sus justas premuras por el alivio en casos de necesidad y por las prestaciones sociales, no pueden sustituirlo. Ello pide siempre el compromiso personal y voluntario, por el cual ciertamente el Estado debe crear condiciones generales favorables. Gracias a este compromiso, la ayuda mantiene su dimensión humana y no viene despersonalizada. Y justamente por esto, vosotros voluntarios no sois “remiendos” en la red social, sino personas que contribuyen a dar un rostro humano y cristiano a nuestra sociedad.

 
Justamente los jóvenes desean que sus capacidades y sus talentos lleguen a ser “suscitados y descubiertos”. Los voluntarios desean ser llamados en causa personalmente. “Necesito de ti!”, “Tu eres capaz!”: qué bien nos hace una petición semejante! Precisamente en su simplicidad humana, nos dirige de manera indirecta a aquel Dios que nos ha deseado a cada uno de nosotros, y que a cada uno de nosotros ha dado una tarea personal, es más, que necesita de nosotros y espera nuestro empeño. De esta manera Jesús ha llamado a los hombres y les ha dado valor para cosas grandes, que ellos por sí solos, no se sentirían capaces de hacer. Dejarse llamar, decidirse y luego emprender un camino sin la acostumbrada pregunta acerca de la utilidad y el provecho – esta actitud dejará huellas sanadoras. Los santos nos han marcado este camino con su vida. Es un camino interesante y apasionante, un camino generoso y, justamente hoy, actual. El “sí” a un compromiso de voluntariado y solidaridad es una decisión que nos hace libres y abiertos a las necesidades del otro, a las exigencias de la justicia, de la defensa de la vida y de la salvaguarda de la creación. En los compromisos de voluntariado entra en juego la dimensión-clave de la imagen cristiana de Dios y del hombre: el amor de Dios y el amor del prójimo.

Queridos voluntarios, señoras y señores! El comprometerse a título de voluntariado constituye un eco de la gratitud, y es transmisión del amor recibido. “Deus vult condiligentes – Dios quiere personas que amen con El”, afirmaba Duns Scoto. Visto de esta manera, el compromiso a título gratuito tiene mucho que ver con la Gracia. Una cultura que desea rendir cuenta de todo y pagar todo, que coloca la relación entre los hombres en una especie de monumento constrictivo de derechos y de deberes, experimenta, gracias a las innumerables personas empeñadas a titulo gratuito, que la vida misma es un don no merecido. Por diversas, múltiples y -es más- contradictorias puedan ser las motivaciones y los caminos del compromiso del voluntariado, a la base de todas se encuentra aquella profunda comunidad que brota de la “gratuidad”. Gratuitamente hemos recibido la vida de nuestro Creador, gratuitamente hemos sido liberados del camino ciego del pecado y del mal, gratuitamente nos ha sido dado el Espíritu con sus múltiples dones. “El amor es gratuito; no es ejercitado para alcanzar otros fines”. “Quien está en condición de ayudar reconoce que precisamente de esta manera viene ayudado también él; no es mérito suyo, ni título, vanagloriarse de poder ayudar. Esta tarea es gracia”. Gratuitamente transmitimos aquello que hemos recibido, mediante nuestro empeño, nuestra carga de voluntariado. Esta lógica de la gratuidad esta colocada más allá del simple deber y poder moral.

 
Sin compromiso de voluntariado el bien común y la sociedad no podían, no pueden y no podrán perdurar. La espontánea disponibilidad vive y se demuestra más allá del cálculo y de la retribución esperada; rompe las reglas de la economía de mercado. El hombre, de hecho, es mucho más que un simple factor económico para evaluarlo desde criterios económicos. El progreso y la dignidad de una sociedad dependen siempre de quienes hacen más de lo que es su mero su deber.
Señoras y señores! El compromiso de voluntariado es un servicio a la dignidad del hombre fundado en su ser creado a imagen y semejanza de Dios. Ireneo de Lyon decía: “La gloria de Dios es que el hombre viva y la vida del hombre es la visión de Dios”. Nicolás de Cusa, en su obra sobre la visión de Dios ha desarrollado este pensamiento de la siguiente forma: “Es por que el ojo esta ahí, donde se encuentra el amor, por lo que siento que Tú me amas… Tu mirar, Señor, es amar… Mirándome, Tú, Dios recóndito, te haces por mí notar… Tu mirar es vivificar… Tu mirar significa obrar”. La mirada de Dios – la mirada de Jesús nos contagia con el amor de Dios. Hay miradas que pueden estar vacías, peor aún, despreciar. Y miradas que pueden dar visión y expresar amor. Las personas comprometidas gratuitamente confieren al prójimo consideración, recuerdan la dignidad del hombre y suscitan gozo de vida y esperanza. Los exponentes del voluntariado son custodios y abogados de los derechos del hombre y de su dignidad.

 
Con la mirada de Jesús va unida además otra forma del mirar. “Lo vio y pasó de largo”, leemos en el Evangelio, cuando el sacerdote y el levita ven a un hombre moribundo tirado al borde del camino, pero no intervienen (cfr Lc 10, 31.32). Hay quien ve y finge no ver, tiene la necesidad ante sus ojos, y a pesar de ello permanece indiferente. Esto forma parte de las frías corrientes de nuestro tiempo. En la mirada de los otros, precisamente de aquel que necesita de nuestra ayuda, experimentamos la exigencia concreta del amor cristiano. Jesucristo no nos enseña una mística “de los ojos cerrados”, si no una mística “de la mirada abierta” y con ello del deber absoluto de percibir la condición de los demás, la situación en la que se encuentra aquel hombre que, según el Evangelio, es nuestro prójimo. La mirada de Jesús, la escuela de los ojos de Jesús nos introduce en una cercanía humana, en la solidaridad, en el compartir el tiempo, en el compartir las dotes y también de los bienes materiales. Por ello “todos cuantos obran en las Instituciones caritativas de la Iglesia deben distinguirse porque no se limitan a seguir de manera hábil lo que es conveniente en cada momento, sino que se orientan hacia los demás con las atenciones que brotan del corazón… Este corazón es capaz de ver dónde hay necesidad de amor y reacciona de manera consecuente”. Sí, “debo convertirme en una persona que ama, una persona cuyo corazón está abierto para dejarse interpelar por la necesidad del otro. Entonces encuentro a mi prójimo, o mejor aun: es él quien me encuentra”.

 
Por fin, el mandamiento del amor de Dios y del prójimo (cfr Mt 22, 37-40; Lc 10, 27) nos recuerda que mediante el amor del prójimo, nosotros, los cristianos, es a Dios mismo a quien tributamos el honor. “Todo hacéis a uno de estos mis pequeños hermanos, me lo hacéis a mí!” (Mt 25, 40). Si Jesús está presente en el hombre concreto que encontramos, entonces la actividad gratuita se puede convertir en una experiencia de Dios. La participación en las situaciones y a necesidades de los hombres conduce a un “nuevo” estar juntos y obra “produciendo sentido”. Así el servicio gratuito puede ayudar a hacer salir a las personas del aislamiento e integrarlas en la comunidad.

 
Desearía finalmente recordar la fuerza y la importancia de la oración para cuantos están empeñados en el trabajo caritativo. La oración a Dios es camino de salida de la ideología o de la resignación frente a lo infinito de la necesidad. “Los cristianos seguimos creyendo, a pesar de todas las incomprensiones y confusiones del mundo que nos rodea, en la «bondad de Dios» y en «su amor por los hombres» (Tt 3, 4). Ellos, si bien inmersos como los demás en la dramática complejidad de las vicisitudes de la historia, permanecen fuertes en la certidumbre que Dios es Padre y que nos ama, incluso aunque su silencio siga siendo incomprensible para nosotros”.

 
Queridos colaboradores voluntarios y a título honorario de las obras asistenciales en Austria, señoras y señores! Cuando uno no sólo cumple su deber en la profesión y en la familia –y para hacerlo bien se necesita de tanta fuerza y de un grande amor–, sino que también se empeña por los demás, poniendo su precioso tiempo libre al servicio del hombre y de su dignidad, su corazón se engrandece. Los voluntarios no comprenden el concepto de prójimo de manera estrecha; ellos reconocen también en el “lejano” al prójimo, que es aceptado por Dios y que, con nuestra ayuda, debe ser tocado por la obra de redención cumplida en Cristo. El otro, el prójimo en el sentido del Evangelio de Cristo, se convierte para nosotros en un compañero privilegiado, frente a las presiones y constricciones del mundo en que vivimos. Quien respeta la “prioridad del prójimo”, vive y actúa según el Evangelio y también toma parte de la misión de la Iglesia, que mira siempre al hombre en su totalidad y que desea hacerle sentir el amor de Dios. La Iglesia sostiene plenamente este vuestro valioso servicio. Estoy convencido que también en el futuro vendrán muchas bendiciones sobre los voluntarios de Austria, y os acompaño a todos con mi oración. Pido para todos vosotros el gozo del Señor (cfr Ne 8, 10) que es nuestra fuerza. Que el buen Dios siempre os sea cercano y os guíe continuamente con la ayuda de su gracia. (Radio Vaticana)

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