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“Nada hay más grande sobre la tierra que la
cruz de Cristo”
Cuando la legislatura política española no ha
cumplido todavía dos meses desde la constitución de las Cámaras, IU y ERC
presentaban el martes 27 de mayo la proposición no ley de retirar el crucifijo
y la Biblia del protocolo de las ceremonias de toma de posesión de cargos
públicos e instaban asimismo al Gobierno a modificar los vigentes Acuerdos
Iglesia-Estado.
El resultado de la votación correspondiente
rechazó ambas peticiones por aplastante mayoría: 309 votos en contra, 9 a favor
(loa 2 de lU, los 3 de ERC, los 2 de BNG y los votos únicos de Nafarroa Bai y
el de Rosa Díez) y 6 abstenciones (las del PNV).
Con todo, el debate sirvió para que los distintos
grupos parlamentarios se “retrataran” al afecto y mostrasen claramente cuáles
son sus posiciones sobre un tema que jamás debería formar parte de las
prioridades de los representantes de los ciudadanos, acuciados por otras muchas
cuestiones más apremiantes para sus vidas y sus necesidades. No porque la
presencia del crucifijo y de la Biblia en las tomas de posesión sea cuestión
insignificante o baladí, sino porque tras treinta años de democracia jamás han
ocasionado problema alguno y esta praxis está insertadas en el alma de la
historia y del pueblo español y occidental.
El mapamundi de la libertad y de
los derechos
Basta con mirar el mapa de mundo y descubrir
con evidencia incontestable que allí donde está presente el cristianismo existe
la libertad, se promueven los derechos humanos, se trabaja por la justicia y la
solidaridad y la sociedad disfruta del progreso y del bienestar. Ya de sus
mismos albores, fiel a su identidad y su
Fundador, el cristianismo sirvió como nadie a la desaparición de la esclavitud,
a la justicia social, al desarrollo de todos, a la promoción de la libertad y
al encumbramiento y respeto a la dignidad inviolable de la persona humana,
creada a imagen y semejanza de Dios.
Y esta constatación irrefutable difícilmente
se puede decir de otras civilizaciones, culturas, creencias o increencias.
Basta con recordar el desierto de libertad, el desastre ecológico, la
conculcación sistemática de los derechos humanos, la desesperanza y
empobrecimiento generalizado y en todos los órdenes de los ciudadanos y el
subdesarrollo económico que sembraron y sigue sembrando en tantos lugares del
mundo por regímenes comunistas. Pensemos simplemente en Birmania y en la
tozudez de la Junta Militar que rige y tiraniza el país para permitir la acción
humanitaria de las ONGs tras el devastador paso del ciclón Nargis.
La cruz y la Biblia nunca están
de más
Además, como decía antes, el debate de ayer, a pesar de su resultado,
no deja de ser inquietante y revelador. Rosa Díez votó a favor de la propuesta de
IU y de ERC, junto al BNG y Na-Fai. ¿Por qué también Rosa Díez? ¿Cómo explicar
la abstención del PNV, un partido nacido en el humanismo cristiano y con miles
de votantes, al menos hasta hace poco, cristianos, para más señas, católicos?
También resultó muy revelador el punto de vista del PSOE: “la cruz está de
más”, afirmaron sus portavoces, quienes
además vinieron a decirnos que ya desaparecerá por sí misma, que es cuestión de
tiempo… Igualmente, tanto Alonso como Jáuregui, aun rechazando ahora su toma en
consideración, dejaron también abierta la puerta a la revisión de los Acuerdos
Iglesia-Estado.
¿A quién y por qué le molestan la cruz y la
Biblia? ¿Saben nuestros representantes políticos que la Biblia –el libro de los
libros- está traducida a 2.454 idiomas de todo el mundo? ¿Cabe mayor símbolo de
universalidad, de apertura y acogida? ¿Saben que en ella se habla del amor, de
la fraternidad, del perdón, de la esperanza que necesita tanto el corazón del
hombre como jamás se ha escrito en ningún otro libro y además con un lenguaje
que no son solo bellas palabras, sino vida y testimonio en los mismos
protagonistas de la Biblia y en tantos y tantos millones de hombres y mujeres
que a lo largo de los siglos y en el presente intentan hacer de este libro el
libro de sus vida, el libro del futuro y del progreso? ¿O es que acaso seguidores apasionados de la
Biblia y de la cruz como San Francisco de Asís, San Ignacio de Loyola, San
Francisco Javier, Santa Teresa de Jesús, Bartolomé de Casas, Francisco de
Vitoria, San Pedro Claver, San Vicente de Paúl, San Daniel Comboni, San Pío de
Pietrelcina, el beato Papa Juan XXIII,
la beata Madre Teresa de Calcuta, entre otros muchos miles y personas, no han
contribuido y contribuyen como pocos al bienestar de la humanidad, a la
justicia, al desarrollo, a la paz y a los verdaderos valores?
Hablarían las piedras
¿A quién le molesta entonces el crucifijo? Hace un par de años,
Italia, un país tan democrático y plural como España, asistió a suceso de
intolerancia acerca del crucifijo en una
escuela. Cuando el tema estaba candente en la opinión pública, el entonces
presidente de República, Carlo Azeglio
Ciampi, intervino con autoridad para manifestar su voluntad de que los
crucifijos permanecieran en las escuelas porque la cruz es el principal y más
identificador símbolo de la cultura y de la civilización en que se asienta su
país, porque expresa sus raíces y porque es símbolo de amor y de paz.
El 20 de mayo de 2006 el Papa Benedicto XVI, en su discurso en el acto
de presentación de cartas credenciales del actual embajador de España ante la
Santa Sede, recordó el envidiable patrimonio social y cultural de España,
imbuido por todos sus poros de "de valores cristianos y enriquecida
también por la vida de eximios testigos del Evangelio". Y añadía que
ignorar o acallar esta incontestable realidad no sólo sería un grave error,
sino que también, en alguna medida, resultaría estéril pues serían las mismas
piedras las que hablasen.
Claro que las piedras, la historia, el alma y los sentimientos
hablarían como ya lo hacen, como ya nos indica el pueblo con sentido común y
con clamor tan mayoritario que en este caso las cosas están bien como están,
que no es necesario ni conveniente adentrarse en nuevas y periclitadas batallas
religiosas, que no debemos entrar en
peligrosas espirales iconoclastas ¿O qué pasa que, como pretendió hacer sin
éxito alguno la más radical revolución
francesa, se va a cambiar también el calendario por el nos regimos porque es el
calendario cristiano? ¿Se va a suprimir
el domingo como el día festivo en todo el mundo, al menos occidental, porque es
el día del Señor crucificado y resucitado y porque el domingo como fiesta para
todos entró en nuestra civilización gracias al cristianismo? ¿Y qué se va hacer con las fiestas patronales, con
la Semana Santa, con el Corpus recién celebrado o con las romerías marianas
como, por ejemplo, el Rocío? En definitiva, ¿a quien interesa y a quien
beneficia esta "guerra" y esta polémica?
Un poeta español, agnóstico confeso, escribió, sin embargo, en unos
versos inefablemente bellos y certeros que "nada hay que más grande sobre
la tierra que la cruz de Cristo. Hecha está la cruz a la medida de Dios, de
nuestro Dios. Y hecha está también a la medida del hombre".
Jesús de las Heras Muela
Director de ECCLESIA
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