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Queridos amigos:
Un año más llegamos
al final de nuestro encuentro epistolar mensual.
Este mes ha estado
lleno de grandes celebraciones litúrgicas que nos han llevado a profundizar en
el Misterio Pascual de Cristo y como cristianos a revisar nuestra vida a la luz
de las grandes solemnidades:
· Pentecostés, nos
sorprende siempre con la venida del espíritu Santo a nuestra vida, haciéndonos
más conscientes de que esa efusión del Espíritu nos lleva a formar un solo
cuerpo y somos bendecidos con sus dones y enviados a “andar según el Espíritu”,
fiados de que el Espíritu Santo nos guiará en nuestro caminar diario, ¡si
estamos abiertos a su acción”!.
· Santísima Trinidad,
el Encuentro amoroso del Padre, Hijo y Espíritu Santo, al que somos llamados a
participar por la Gracia de Jesucristo, el Amor del Padre y la Comunión del
Espíritu Santo; llamados a formar la Unidad de la Iglesia en el Verdadero Amor,
que es Cristo.
· Corpus Christi,
donación total de Cristo, Alimento que sacia plenamente. Somos invitados a
comer del mismo pan y beber del mismo vino eucarístico que implica un grave
compromiso de unidad comunitaria entre los cristianos y a lo que muchas veces
no prestamos demasiada atención. Nos tiene que remover interiormente, sentirnos
interpelados y dispuestos a hacer de esa unidad, una unidad profética y
comprometida.
En este día tuvimos el gozo de poder ser testigos de una
nueva incorporación a la Iglesia, a través del bautismo, de Diego y a la
primera participación en la mesa eucarística de Fátima (de la familia
Yepes-Cagigal).
· El
Sagrado Corazón de Jesús, nos da a conocer los beneficios de su amor para con
cada uno de nosotros y nos invita a acercarnos a ese corazón abierto del
Salvador, a beber con gozo de las fuentes de la salvación.
· La
Visitación (solemnidad para la Orden del Cister), donde encontramos a nuestra
Madre, como ejemplo vivo de alabanza a la misericordia Divina y de
servicialidad al prójimo.
Todas estas
Solemnidades nos introducen de nuevo en el tiempo ordinario litúrgico. Tiempo
que no debe de ser rutina litúrgica, sino que cada día debemos sacar “una pequeña enseñanza” que
llevar a nuestra vida. Que esa Palabra de Dios diaria no sólo resuene en nuestras
iglesias, en nuestros oídos, sino en nuestro corazón y como consecuencia en
nuestras obras, en nuestro vivir diario.
El domingo, la
Palabra nos alertaba acerca de ¡dónde construimos nuestra casa! Hermanos nos
toca construir nuestra casa sobre Roca, esa Roca que es Cristo; sí es más fácil
(como nos decían en la homilía) construir sobre arena, porque sobre roca lleva
más esfuerzo, más tesón, más desgaste…pero como cristianos estamos llamados a
construir sobre Roca, sobre Cristo, cimentados en Él; con la gran ventaja de
que Cristo no se deja ganar en generosidad y nos ofrece su Gracia para llevar a
cabo la labor encomendada. Y si recibimos su Gracia, tenemos que llevarla a la
acción y abrir nuestro corazón al Amor de Dios que impulsa nuestras buenas
obras. Sólo se nos pide que colaboremos incondicionalmente con su Gracia.
Y la misma Palabra
de Dios, ayer lunes, nos daba la clave para colaborar con la Gracia, cuando
dice: “(…) poned todo empeño en añadir a vuestra fe la honradez, a la
honradez el criterio, al criterio el dominio propio, al dominio propio la
constancia, a la constancia la piedad, a la piedad el cariño fraterno y al
cariño fraterno el amor”
Hermanos que mejor
despedida, para comenzar el verano que llevar en nuestro corazón la Palabra y
hacerla vida en nuestras obras.
Nosotras comenzamos
este mes la acogida de las tandas de ejercicios espirituales y os pedimos que
nos acompañéis con la oración, para que nuestro trabajo, nuestra acogida,
nuestra oración sea siempre como Dios quiere y sepamos dar a conocer a cada uno
de los que se acercan a este lugar lo mejor de nosotras mismas como mediación
del Amor de Dios.
Unidas
fraternalmente
Vuestras hermanas
de Buenafuente
Buenafuente
3 de junio de 2008
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