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Educación para la ciudadanía y Religión por Mons. José Sánchez González Imprimir E-Mail
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Escrito por Ecclesia Digital   
lunes, 09 de junio de 2008

Queridos diocesanos:

Con el comienzo del nuevo curso empieza a ser también obligatoria en todos los centros, también en Castilla-La Mancha, la nueva asignatura denominada “Educación para la Ciudadanía”.Image

 Es de sobra conocida la actitud de los Obispos españoles, y de otras muchas personas, entre ellas numerosos padres y determinadas organizaciones, frente a la imposición de esta asignatura por parte del Gobierno con carácter obligatorio. Las razones de nuestro desacuerdo no son porque nos molesten, como alguien ha sugerido, ni la educación ni la ciudadanía. Al contrario, porque tarea fundamental de la Iglesia es la educación de honrados ciudadanos y de buenos cristianos.

 

 Tenemos también el máximo interés por determinados contenidos, como los derechos humanos, valores, principios, derechos y obligaciones como la educación en el respeto, la igualdad en dignidad y derechos de las personas, la solidaridad, la educación para la paz, etc. Trabajamos en ello.

 

 Pero estamos en desacuerdo con determinados contenidos de esta Ley y de los decretos que la desarrollan. Entrarán necesariamente en conflicto con las convicciones, la fe y la moral de los católicos, campos en el que no puede entrar el Estado. No estamos de acuerdo con el método ni con determinados objetivos, ni con algunos criterios de evaluación. Menos aún, con su filosofía y la concepción, por ejemplo, de horizonte cerrado a la trascendencia, de relativismo y de ideología de género, que subyacen a esta ley. 

 

En definitiva, se transmite al alumno una concepción del mundo, de la historia, de la persona humana, de sus relaciones en determinados aspectos, como el matrimonio, que están en abierta contradicción con la antropología cristiana, con nuestra concepción del mundo, de la historia, de la vida y de las relaciones humanas y religiosas. Los alumnos que son educados en la fe cristiana y que optan por recibir enseñanza de religión y moral católica, se verán sometidos a una contradicción interna entre lo que aprenden, son y viven como creyentes y lo que tienen que aprender en esta asignatura, a la que habrán de responder y por la que serán juzgados y evaluados. Necesariamente supondrá, además, una desmotivación para los que opten por la enseñanza religiosa, que ni es obligatoria, ni apenas cuenta para nada académicamente.

 

No vale que se nos diga que en los Colegios de titularidad de la Iglesia se puede adaptar la asignatura al ideario del centro. El problema sigue, especialmente en los centros de titularidad estatal, para los alumnos creyentes y practicantes, que opten por la educación cristiana desde su fe y sus convicciones, a los que se obligará a asimilar temas, principios y comportamientos, que pueden estar en contradicción con sus convicciones y principios, y a responder a cuestiones con las que están en desacuerdo.

 

Tampoco vale decir que se trata de información sobre determinados asuntos, valores, comportamientos, etc. Ya el mismo nombre “educación…” indica que hay más que información en los contenidos, en el planteamiento y en la intención; a saber, educar.

 

¿No hay también una verdadera intención de adoctrinamiento? Tal vez radique aquí el mayor riesgo y la causa principal del rechazo de esta asignatura por parte de muchas personas, grupos e instancias. Las experiencias del Estado empeñado en ser “el educador del pueblo”, a lo que responden palabras como “gran timonel”, “gran hermano”, ”Führer”, “conduttóre”, “caudillo”, etc. no han podido ser más nefastas. Ha sido siempre, por otra parte, la tentación de todo Estado totalitario o de partido único. La intención y el resultado pretendido suele ser el del “pensamiento único”.

 

El derecho y el deber de los padres o de los propios alumnos, cuando tienen ya la edad para ello, de ser los primeros, principales e insustituibles educadores, ha de ser siempre respetado, fomentado, defendido y apoyado por toda otra instancia, sea ésta civil o religiosa. Por ello mismo, tienen padres y alumnos siempre el derecho y la obligación de defenderse, por todos los medios legítimos, frente a toda ingerencia extraña en campo tan delicado como su fe, sus principios y sus convicciones. A ellos corresponde también conocer, discernir y decidir con responsabilidad, llegado el caso, qué medios concretos habrán de utilizar.

 

Os saluda y bendice vuestro Obispo

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DBG  - FGHJ   |190.40.238.xxx |2009-03-12 02:08:04
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Modificado el ( lunes, 09 de junio de 2008 )
 
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