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Este
mes de julio estará marcado, en cuanto a las noticias religiosas, por la XXI
Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará en Sydney (Australia) del 15
al 20 de julio, bajo la presidencia de Benedicto XVI, en el que será su primer
viaje como Papa al continente austral.
Creadas
por iniciativa de Juan Pablo II, las Jornadas Mundiales de la Juventud reúnen a
jóvenes de todas las partes del mundo para que construyan puentes de amistad y
esperanza entre los continentes, las gentes y las culturas.
Esta
Jornada es una invitación del Papa a los jóvenes para celebrar su fe en torno a
un tema especial. El tema escogido por Benedicto XVI para la Jornada de este
año es: “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre
vosotros, y seréis mis testigos” (Hch
1, 8). Este pasaje ocurre después de la muerte y resurrección de Jesús y
representa el nacimiento de la Iglesia.
Para los jóvenes
que no puedan ir a Sydney se ha preparado un encuentro en Lourdes. Unos 5.000
jóvenes se reunirán en dicho santuario mariano, llegados de Francia, Italia,
España, Alemania, Inglaterra y los países del Este de Europa, y en los mismos
días de la Jornada Mundial de la Juventud se unirán a los acontecimientos
vividos en Sydney. Desde Lourdes, gracias a la retransmisión de los actos en
pantallas gigantes, podrán seguir las celebraciones principales, como la
llegada de Benedicto XVI a Sydney, la celebración de la vigilia del sábado o la
misa del domingo día 20 de julio, con la que se cierra la Jornada Mundial de la
Juventud.
Con ocasión de
estos dos acontecimientos, deseo proponer algunas reflexiones sobre los jóvenes
de hoy y su relación con la fe cristiana. En este aspecto, los jóvenes actuales
han crecido con un fuerte déficit de referencias. No podemos ignorar la
realidad, ni en éste ni en ningún ámbito de la vida y de la acción de la
Iglesia. Por lo que se refiere a nuestro país, podemos afirmar que hemos pasado
de un régimen de casi cristiandad a ser un país de casi misión. El concepto
sociológico de cristiano bautizado cada vez coincidirá menos con el
concepto teológico-pastoral de cristiano
creyente. El Congreso Nacional de Evangelización, celebrado en Madrid en 1985,
ya llegó a la conclusión de que España es un país de misión que necesita una
nueva evangelización.
En estas
circunstancias, acertar en el dispositivo capaz de relanzar el binomio
evangelización y catequesis es urgente e importantísimo, sobre todo de cara a
los adolescentes y jóvenes, los cuales –como se ha dicho más de una vez- han
sido “no evangelizados y deficientemente catequizados”, ya que la catequesis ha
sido a menudo insuficiente y orientada casi exclusivamente a los sacramentos.
Como
condición previa para el trabajo apostólico con los jóvenes, creo que hemos de
expresarles –más con obras que con palabras- que realmente confiamos en ellos y
deseamos trabajar con ellos. La pastoral de los jóvenes ha de hacerse con los
jóvenes cristianos. No hay otro camino. Y para seguir este camino hay que
confiar en ellos.
Juan Pablo II y
Benedicto XVI confían en los jóvenes y esperan en los jóvenes. Juan Pablo II lo
dijo en los mismos comienzos de su pontificado: “Jóvenes, vosotros sois la
esperanza de la Iglesia; vosotros sois esperanza”. De esta confianza nació y
continúa viviendo la Jornada Mundial de la Juventud.
+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa
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