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UNA
GRAN CATEQUESIS SOBRE EL ESPIRITU SANTO
“El hilo conductor de la preparación
espiritual para el Encuentro –escribía Benedicto XVI- es el Espíritu Santo y la
misión. En 2006 nos habíamos detenido a meditar sobre el Espíritu Santo como
Espíritu de verdad, en 2007 quisimos descubrirlo más profundamente como
Espíritu de amor para encaminarnos después hacia la Jornada Mundial de la
Juventud 2008 reflexionando sobre el Espíritu de fortaleza y de testimonio que
nos da el valor de vivir la Evangelio y la audacia de proclamarlo”.
De este modo explica el Papa el
itinerario espiritual, pastoral y catequético previo a la JMJ y para su misma
celebración. Asimismo el Santo Padre marcaba como cinco grandes objetivos:
1.- Reconocer la verdadera identidad,
escuchando sobre todo la Palabra de Dios.
2.- Tomar una lúcida conciencia de su
presencia viva y constante en la vida de la Iglesia.
3.- Redescubrir que el Espíritu Santo
es el alma viva, el respiro vital de la propia vida cristiana, gracias a los
sacramentos de la iniciación cristiana.
4.- Capacitarse para una compresión
cada vez más madura, más profunda y gozosa de Jesucristo.
5.- Hacer una aplicación eficaz del
Evangelio en el alba del tercer milenio.
¿Quién
y qué hace el Espíritu Santo?
“Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá
sobre vosotros, y seréis mis testigos” es el lema de la convocatoria, de la
fiesta, de la celebración y de la
evangelización de la JMJ Sídney 2008. Benedicto XVI escribió ya el año pasado
un espléndido mensaje para la ocasión. Se trata de una extraordinaria
catequesis sobre el Espíritu Santo, alma de la Iglesia, principio de comunión,
maestro interior y artífice y “protagonista” de la evangelización.
Y es que de esto se trata, de esto tratan y para
esto fueron instituidas por Juan Pablo II las JMJ: para servir a la
evangelización, para remover y renovar a los jóvenes y a todos los miembros de
la Iglesia a tomar conciencia clara,
decidida y convincente de que la identidad y la misión del seguidor de Jesús es
ser testigo suyo. Es invocar un nuevo
Pentecostés sobre el mundo. Porque “solo
Cristo puede colmar las aspiraciones más íntimas del corazón del hombre; solo El es capaz de
humanizar la humanidad y conducirla a su divinización”. Y para ello necesitamos
al Espíritu Santo ya que “quien se deja guiar por El comprende que ponerse al
servicio del Evangelio no es una opción facultativa”, sino una necesidad vital.
Anunciar a Jesucristo y a su Evangelio es tarea hoy más apremiante que
nunca para lo que “se necesitan discípulos de Cristo que no escatimen tiempo ni
energía”. Y privilegiados y bien aptos discípulos suyos han de ser los jóvenes,
máxime cuando se observan tantos síntomas de agotamiento y hasta de
infecundidad – de “indudable dificultad” escribe literalmente el Papa en su
mensaje- entre los adultos para acometer esta tarea. Por ello, la Iglesia, que
confía en los jóvenes, necesita a los jóvenes y, con palabras de Benedicto XVI,
les pide: “estad listos a poner en juego vuestra vida para iluminar al mudo con
la verdad de Cristo; para responder con amor al odio y al desprecio de la vida;
para proclamar la esperanza de Cristo resucitado en cada rincón de la tierra”. Y
esto, ante todo y sobre todo., son las JMJ. Y esto es el cenáculo de Sídney
2008.
La Palabra de
Dios, la eclesialidad y la iniciación cristiana
La Palabra de Dios, la eclesialidad y la
revitalización de la iniciación cristiana son, a la luz del misterio y de la
gracia del Espíritu Santo, los medios y los caminos que el Papa propone a los
jóvenes y a toda la Iglesia para hacer de Sídney un cenáculo e invocar desde él
el tan necesario nuevo Pentecostés sobre la humanidad.
La XXIII JMJ Sídney 2008 ha llegado en los
albores del Año Jubilar Paulino y en las vísperas del Sínodo de los Obispos
sobre la Palabra de Dios. Sídney 2008, ya desde su preparación, ha sido y
quiere ser un espacio abierto y un altavoz para la escucha atenta de la Palabra
de Dios. Es mediante la Palabra de Dios como conocemos al Espíritu Santo y lo
descubrimos como el principio y motor de
la vida y de la misión de la Iglesia. Sídney habrá sido un cenáculo, habrá sido
un nuevo Pentecostés si h sido escuela y oratorio de la Palabra de Dios. Sídney
y todos los “Sídney” virtuales -Lourdes,
Madrid, Silos, Javier, Santiago, El Rocío…- porque la XXIII JMJ Sídney 2008 es todo lugar y todo corazón de la
Iglesia y de la tierra.
Desde
la Palabra de Dios, el Espíritu Santo nos introducirá en la comunión de la
Iglesia, en el gozo y en la responsabilidad de la pertenencia y de la
corresponsabilidad eclesial, sacramento universal de salvación, prolongación de
la Buena Nueva de Jesucristo, permanente cenáculo para la vida del mundo. No es
posible la evangelización sin el Espíritu y desde fuera o desde lejos de la
Iglesia. “La fecundidad apostólica y misionera no es el resultado de programas
y métodos pastorales sabiamente elaborados y eficientes, sino el fruto de la
oración comunitaria incesante”, escribía Pablo VI. La eficacia de la misión
pasa por la unidad y la comunión.
La
misión evangelizadora de la Iglesia pasa también por la renovación y la potenciación de la pastoral de los
sacramentos de la iniciación cristiana, renovando nuestro Bautismo y su
profesión de fe y compromisos de vida y muy singularmente revitalizando el
sacramento de la Confirmación. Y también, por supuesto, viviendo de la Eucaristía, “Pentecostés
perpetuo”. “Queridos jóvenes –dijo el
Papa-: si participáis frecuentemente de la Eucaristía, si consagráis un poco de
vuestro tiempo a la adoración del Santísimo Sacramento, a la Fuente del amor
que es la Eucaristía, os llegará esta gozosa determinación de dedicar la vida a
seguir las pautas del Evangelio”.
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