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Las dificultades de los inmigrantes en el ámbito
religioso no terminan en la relación que se establece entre las personas ni en
las dificultades que pueden encontrar para la integración en los grupos sociales.
Hay otras cuestiones que no pueden ser olvidadas.
• Las
instituciones educativas de los países de acogida se encuentran con frecuencia
con serios problemas a la hora de organizar los estudios que, de alguna manera,
tocan las convicciones religiosas de los alumnos procedentes de la inmigración.
La
configuración del plan de estudios o del contenido de algunas materias
docentes, la tolerancia ante las fiestas religiosas o los días de descanso de
unos alumnos y de otros, el celo por retirar del ambiente escolar o de prohibir
a los estudiantes los signos distintivos de las diferentes religiones: todo
ello ha sido fuente de conflictos y puede serlo todavía más en el futuro. Es cierto
que es fácil prever el peligro de un cierto irenismo e indiferentismo religioso,
alimentado ya desde la escuela. Con todo, precisamente la presencia de alumnos
inmigrantes pertenecientes a diversas tradiciones religiosas puede contribuir
al enriquecimiento de todos, a la ampliación de conocimientos, a la educación
de las actitudes de diálogo y tolerancia y, a fin de cuentas, a la mayor
profundización en los fundamentos religiosos de cada uno. • Los medios
de comunicación social, por otra parte, pueden ejercer un papel muy
importante con relación al fomento y
tutela del respeto mutuo entre las personas de diferentes religiones. La
ridiculización o las burlas a los símbolos religiosos de unos y de otros no
solamente delatan una actitud de desprecio de la verdadera tolerancia, sino que
contradicen la letra y el espíritu de la Declaración de Derechos Humanos,
promulgada por la Asamblea General de las Naciones Unidas. He aquí el texto que
se refiere a esta cuestión: “Toda
persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de
religión; este derecho implica la libertad de cambiar de religión o de
convicción, así como la libertad de manifestarlas individualmente o en común,
tanto en público como en privado, por la enseñanza, la predicación, el culto y
el cumplimiento de los ritos”. A los medios
tradicionales de comunicación social hay que añadir las nuevas tecnologías y
especialmente el foro público de internet. También en ellos pueden los
inmigrantes ver amenazada o mermada su libertad religiosa, cuando no
ridiculizadas sus creencias o las prácticas que las acompañan. Las
nuevas migraciones exigen de todos un
esfuerzo por poner en práctica el ejercicio de la tolerancia y el respeto.
Hacia las personas que practican otras religiones. Y hacia las personas que
practican la que es mayoritaria o más conocida en el país de acogida. El
derecho a la libertad religiosa no puede ser pisoteado por nadie. Es falso el
progresismo que necesita probarse por la blasfemia. José-Román
Flecha Andrés
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