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Me vais a permitir, amigos internautas, que os invite a esta fiesta y a esta noche del
domingo 17 de agosto… Me va a permitir también mi buen amigo Felipe Peces que
utilice ahora para este artículo del
prólogo que yo mismo escribí hace dos años para su libro "El Rosario de
Faroles de Sigüenza". Y es que ya sabemos todos que de la abundancia del
corazón habla de la boca. Porque decir verano, decir agosto, decir fiestas en
Sigüenza es siempre para mí decir Virgen de la Mayor. Y decir Virgen de la
Mayor es decir muchas y queridas cosas, una de las cuales es evocar y recorrer
su procesión nocturna con el rosario de faroles en la más bella noche
seguntina...
Por que tres noches hay en el
año seguntino que relumbran más que el sol... Son tres noches repletas de luz,
llenas de especial belleza y unción, repletas de identidad y de esencias. Cada
una de ellas tiene su propio ritmo y sentido, sus propios olores y sensaciones,
sus propias músicas y melodías. Y las tres llenan al alma y llegan hasta al
alma y suenan con amor en el corazón de los seguntinos, que anhelan su retorno
anual, su cadencia, su crepitar y su ceremonia.
Son las noches del Viernes
Santo, de la víspera de San Juan y de la fiesta de la Virgen de la Mayor. Y las
tres, que tienen, a su vez, como denominador común la fe cristiana, se injertan
y florecen en las raíces de nuestra idiosincrasia, de nuestras creencias y de
nuestra religiosidad.
Elogio
y nostalgia de tres noches
De las tres hacemos memoria
-elogio y nostalgia- los seguntinos cada año que no nos hallamos en nuestra
ciudad cuando acontecen. De las tres nos sentimos orgullosos y satisfechos,
conscientes de que forman parte de nuestra identidad y de nuestro patrimonio
del alma.
Habrá quien se quede con la
austeridad y la elegancia, con la escenografía y la piedad, con el ritmo
quebrado y el paso rasgado de la noche del Viernes Santo, mientras se acompaña
al Cristo Yacente del Santo Sepulcro y a su Santísima Madre de la Soledad, bien
repleta de calas y de flores blancas. "Mirad la Virgen que sola está.
Triste y llorando su soledad", cantamos, mientras esperamos anhelantes y
religiosos los tres golpes de rigor y de ritual en la puerta de la antigua
ermita de San Lázaro y la voz de ultratumba que pregunta:
-- "¡¿Quién va?!"
-- "¡Jesús el Nazareno,
el Rey de judíos!".
-- ¡Qué pase Jesús el
Nazareno, el Rey de los judíos".
Habrá quien prefiera la noche
de San Juan, con su anuncio cierto de estío y con su sabor de fiesta, de rosas
frescas, de noches blancas, de música alegre y bulliciosa, de arcos floridos y
concurridos, de pétalos y de promesas, de chocolatada al alba, de sencillez y
de infancia. Porque ¿quién de niño no pidió, siquiera alguna vez, por las
calles seguntinas una pesetilla para el arco de San Juan?
Habrá -como quien esto
suscribe- que, sin desdeñar ninguna de las otras dos noches, se quede con la
noche del día de la fiesta de la Virgen de la Mayor con su sonido interminable
de campanas, con su fragancia de nardos y claveles, con su rosario de faroles y
de cirios, con sus filas bien dispuestas y orantes y su recorrido regio por las
principales calles de la ciudad como para que nadie sin quede sin contemplar,
orar y sollozar ante su Madre y Señora.
Me
gusta además la procesión de la Virgen de la Mayor porque me recuerda a mi
familia y me evoca mis años de infancia y mis inolvidables años de servicio
directo y apasionado al culto anual a nuestra Patrona entre 1993 y 2001 junto a
Felipe Peces, entonces abad de la Cofradía de la Virgen de la Mayor, servicio
para el que ahora, desde este mismo año, yo mismo he sido designado por nuestro
obispo.
Antorcha
de fe, testigo de esperanza
Pero a decir verdad lo que
más atrae de esta procesión es su simbolismo. Y, en particular, el simbolismo y
el significado de sus faroles. Llevan, portan y muestran la luz, la luz, en
este caso, del multisecular amor de Sigüenza a su Virgen de la Mayor.
Además, los faroles son como
antorchas. Y la antorcha es tanto llama o tea encendida como el relevo o el
testigo que de esa luz se realiza, se transmite y se pasa.
Como en una carrera
deportiva, los seguntinos del alba del siglo XXI hemos recibido desde el siglo
XII la antorcha y la tea encendida del amor a la Virgen de la Mayor. Su luz ha
irradiado en nuestras vidas y en nuestros hogares y nos la ha legado como la
Señora de la casa y de nuestras existencias. ¿Qué seguntino habrá que no tenga
siquiera una foto, una imagen de su Virgen de la Mayor?
Por ello, ¿cómo no vamos
ahora a comprometernos, con alma, vida y corazón, para que este relevo
continúe, para que dentro de una o de mil generaciones los faroles y las
antorchas de la Virgen de la Mayor sigan expandiendo su luz y su resplandor de
vida cristiana, de comunión eclesial y de servicio a los demás? No podemos
permitir que la carrera concluya. Debemos correr bien la carrera y transmitir
el relevo y el testigo con nuestras propias vidas, con nuestras propias obras,
con nuestro inconfundible y coherente amor a María Santísima de la Mayor.
¡Claro que la procesión de la
Virgen de la Mayor no es todo! Allí ni empieza ni acaba nada en sí mismo. Pero,
¿qué sería de nuestra fidelidad a las raíces históricas de nuestra fe si no
portáramos su antorcha y su farol y si no transmitiéramos y pasáramos el
relevo, que nosotros un día recibimos? ¡Claro que la verdadera procesión de los
faroles de la Virgen de la Mayor de Sigüenza comienza cuando ésta -valga el
contrasentido- concluye! Eso sí, lo dicho: cuando ésta concluye, después de
haber recorrido nuestras plazas, calles y rincones con ellos.
"Citius,
altius, fortius"
Dije antes que la procesión
de los faroles de la Virgen de la Mayor de Sigüenza me evoca siempre la carrera
deportiva, la antorcha olímpica, que, de mano en mano, va pasando hasta llegar
a la meta. La frase latina "Citius, fortius, altius" es el lema
legendario del deporte. La frase, cuya traducción es "más rápido, más
alto, con más fuerza" y que fue creación de un dominico francés, debería
ser también un espléndido lema para nuestra vida cristiana, para nuestro amor a
la Virgen de la Mayor y para nuestro compromiso por seguir transmitiendo su
llama. ¡Dichosa que la han llamado en Sigüenza de generación en generación a la
luz de su procesión y de sus faroles y antorchas!
"Más rápido, más alto,
con más fuerza", amigos seguntinos, en nuestro amor a la Virgen de la
Mayor. Ella es el camino que conduce a Jesús. Ella nos muestra el fruto bendito
de su vientre: Jesús, el Salvador del mundo, nuestra paz y nuestra esperanza. Ella es la Virgen de la
Eucaristía, la Virgen herida de la solidaridad y de los que sufren. Ella es la
Virgen de la Palabra y de la escucha, como la contemplaremos en la Novena y
Fiesta de este año 2008. Ella es la Virgen que mira, sonríe y bendice al
pueblo. Ella es la estrella y el camino. Ella está en las raíces de nuestra fe.
Y Ella debe seguir brillando de generación en generación en la más bella noche
seguntina del año y en todos nuestros días de todos nuestros años y en los días
y en los años de nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos. Amén.
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