|
El 15
de agosto nos trae la estampa preciosa de María, llevada al cielo en cuerpo y
alma. La liturgia de la Iglesia tiene la capacidad de hacernos actual el
misterio y de hacernos partícipes del mismo. Hoy celebramos la Asunción de
María al cielo, en cuerpo y alma. En muchas de nuestras parroquias, incluso,
hoy es la fiesta principal del lugar en honor de nuestra Santísima Madre del
cielo.
Las fiestas de la Virgen producen
una alegría especial en quienes nos sentimos hijos de ella, y traen consigo
gracias especiales en el día de su celebración. La Asunción de la Virgen
significa que, terminada su vida en la tierra, fue llevada al cielo. El cielo
es nuestra patria, es nuestra meta, es nuestra casa. Nuestra vida es un camino
hacia el cielo, donde nos encontraremos cara a cara con el Padre eterno, con su
Hijo amado nuestro Señor Jesucristo y con el Espíritu Santo, llama de amor
viva. En el cielo nos encontraremos con María, con José su esposo, con todos
los santos. La fiesta de hoy nos invita a pensar en el cielo, a desear el
cielo, a suspirar por el cielo, pues hemos sido creados para ir al cielo.
Caminar en la fe supone cierta fatiga. No descansaremos del too hasta que
lleguemos allí.
Pero, además, María ha sido
llevada al cielo también con su cuerpo de mujer. Todos los demás santos están
en el cielo sólo con su alma, mientras su cuerpo espera en el sepulcro la
resurrección del último día de la historia humana. María, sin embargo, ha
entrado ya en el cielo también con su cuerpo. Y este es un
motivo que acrecienta nuestro gozo, pues la salvación de Cristo afecta al
hombre entero, cuerpo y alma. La salvación de Cristo no es algo platónico,
espiritualista. Es una salvación que afecta al hombre entero, también a su
cuerpo.
El cuerpo humano no es la cárcel
del alma, no es un vestido que se muda. El cuerpo humano, gracias a la
Encarnación del Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo que se ha hecho hombre
de verdad, se ha convertido en lugar donde brilla la gloria de Dios. El cuerpo
es la epifanía de la persona, está llamado a correr la misma suerte que el
alma. Cristo ha vencido la muerte, transformando su carne mortal en cuerpo
glorioso. La redención de Cristo ha llegado en primer lugar y de manera
completa a María. En ella vemos completado lo que un día llegará a nosotros.
En esta fiesta es exaltado el
cuerpo humano de una mujer. Tantas veces el cuerpo humano es despreciado, es
tratado como una cosa, es torturado, es considerado como un burro de carga, es
tratado como un objeto de placer sexual, que se compra y que se vende. La
fiesta de hoy nos llena de esperanza, porque Dios nos muestra que el cuerpo
humano ya no es una cosa, sino que en María ha alcanzado su más alta dignidad.
La fiesta de la Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos es la
exaltación y la glorificación de maría incluso en su cuerpo de mujer.
Con mi afecto y bendición:
+ Demetrio Fernández, obispo de Tarazona
15.08.2008
|