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Siglo XXI EP El cardenal arzobispo de Sevilla, Carlos
Amigo, animó hoy a los católicos a no caer en un "conformismo llorón de
victimismo" ante la situación de "acoso a la Iglesia", y pidió
que expresen su fe "con fortaleza y sin ambigüedades".
En un artículo publicado hoy en el diario
"ABC" con motivo de la festividad de la asunción de la Virgen María,
Amigo afirma que se viven momentos de limitación de derechos y de agresiones a
los sentimientos religiosos, pero afirma que "la Iglesia y los cristianos
no existen para claudicar ante las dificultades".
"Se habla de acoso a la Iglesia católica, de limitación de derechos, del
incumplimiento de acuerdos, de burdas agresiones a los sentimientos
religiosos...Lo cual es cierto y hasta podemos sentirnos molestos los
católicos", indica el arzobispo de Sevilla.
"Ahora bien -continúa Amigo-, lo nuestro no es un conformismo llorón de
victimismo, acoso y derribo, sino la comparecencia firme y clara del testigo,
del mártir, de quien confiesa su fe abierta y llanamente, sin presunción y con
mucha humildad, pero con fortaleza y sin ambigüedades".
El cardenal arzobispo de Sevilla asegura que los cristianos no pueden vivir
"en un continuo lamento" ni considerarse "como víctimas,
injustamente tratados".
DICTADURA DE LO ECONÓMICO.
Por otra parte, Amigo denuncia la "dictadura de lo económico" que
tiene a muchas personas "una tanto desconcertados y al borde de hipotecar
gran parte de la libertad de ser feliz".
En este sentido, subraya que se dice que los tiempos actuales "no son para
alegrías ni para tirar cohetes de la fiesta" y la felicidad depende del
precio del petróleo.
Sin embargo, en su opinión, la culpa de esta situación no la tiene la economía
ni sus altibajos, "sino el centrarlo todo y sólo en el dinero que se tenga
o del poco del que se pueda disponer".
"Situar el primer puesto en la escala de la felicidad al dinero, es un
señuelo muy peligrosos y se puede llegar a lo que confesaba aquel buen y
forrado señor: soy tan pobre, y tan triste, que solamente tengo dinero",
señala el cardenal arzobispo de Sevilla.
Frente a ello contrapone la "fiesta grande" de la asunción de la
Virgen, ejemplo de "exaltación de la humildad y de la sencillez, de la
esperanza y de la alegría".
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