El mes de
Octubre es conocido entre los católicos como el Mes del Rosario. Además de celebrar la fiesta del Santo Rosario
el día 7 o en el primer domingo del mes, es costumbre en las familias
cristianas, en las parroquias y en otras comunidades el rezo del Rosario. Toda
persona devota de la Santísima Virgen pone en este mes, como en el de mayo, un
interés especial en rezar todos los días el Santo Rosario.
Son muchas las personas que no dejan un
día sin rezar el Rosario. Es muy frecuente encontrarte con personas mayores, o
enfermas, o impedidas que te dicen que pasan buena parte del día rezando el
Rosario. Sin embargo, también es cierto que en muchos hogares se ha perdido
esta devota costumbre. La vida tan ajetreada que hoy llevamos, la dificultad de
reunir a toda la familia, a veces ni para comer o cenar juntos, la permanente
presencia del huésped más abrumador, la Televisión, junto con otros medios que
entran en el hogar o en la familia y terminan haciéndose imprescindibles y
omnipresentes, dificultan encontrar tiempo para el silencio, para el
recogimiento, para la oración personal o en común.
Es necesario que recuperemos para la
familia el espacio que corresponde al diálogo ente sus miembros, a la
convivencia, a la oración. Si nos organizamos, encontraremos tiempo para todo.
No es bueno que a la hora de distribuir el tiempo para lo único que nos falte
sea para orar juntos.
La buena costumbre de rezar el Rosario
en familia puede ayudarnos a recuperar la dimensión de la familia que se reúne
para orar y presta a ese momento la importancia que le corresponde.
El Rosario es una oración sencilla
formada por oraciones que todos conocemos, como el Padrenuestro o el Avemaría,
teniendo como fondo, a modo de estampa, cuadro o imagen, los misterios más
importantes del Señor y de su Santísima Madre.
La repetición de la misma oración se
presta a la distracción y a la rutina. Aunque debamos evitarlas, intentando
concentrarnos y desechando otros pensamientos y ocupaciones, es muy normal que
fácilmente perdamos la atención y la concentración. También en la vida
ordinaria hacemos muchas cosas por costumbre y porinercia. Pero más vale orar distraídos que
pecar concentrados; más vale hacer el bien por costumbre que el mal deliberadamente
o que no hacer nada.
El Rosario es la oración de las
personas sencillas, de los niños. Lo mismo que a un padre o a una madre siempre
le agrada oír de sus hijos las palabras “padre” o “madre” y otras expresiones
de cariño, ¿qué duda cabe de que al Señor y la Santísima Virgen le agradará que
les digamos “Padre” y “Madre” y que lo repitamos, aunque sea cincuenta veces,
concentrados o distraídos, y que les demos gracias y les pidamos los dones y
favores que se contienen en la oración del Padrenuestro o del Avemaría o en las
Letanías y en otras oraciones incorporadas al rezo del Rosario?