OCTUBRE: MES DEL ROSARIO por Mons. Ramón del Hoyo López
Escrito por Ecclesia Digital
viernes, 03 de octubre de 2008
Queridos
hermanos y hermanas:
La Sagrada liturgia de nuestra
querida Madre la Iglesia
destaca la figura de María Santísima a lo largo del recorrido de todo el año.
El pueblo fiel se encomienda y ensalza su figura con cualquier motivo y ocasión
en fiestas y romerías, pero han calado muy hondo, como meses especialmente
marianos, Mayo, con sus Flores, y Octubre, con el Santo Rosario. Se trata de
una rica herencia espiritual que muchos hemos recibido desde niños y que no
podemos permitir se pierda sin trasladarla a las nuevas generaciones de
cristianos.
El Rosario
será siempre una oración sobria y profunda que robustece el espíritu y nos pone
en sintonía con los misterios principales de la vida del Señor.
En la Exhortación ApostólicaRosarium Virginis Mariae, el Papa
Juan Pablo II afirmaba: “Recitar el Rosario
es en realidad contemplar con María el rostro de Cristo en compañía y a ejemplo
de su Santísima Madre.” (n. 3). El rezo del Santo Rosario es, por tanto,
mucho más que una repetición de una serie de avemarías y misterios. No es contemplar y acompañar solamente a
nuestra Madre la Virgen,
sino con ella y como Ella contemplar y acompañar a Jesucristo, su Hijo. Son los
misterios de Cristo recorridos con María, nuestra Madre.
El
recordado y querido Pontífice, “todo de
María”, recomendaba en la misma Exhortación, para alcanzar mayores frutos
del rezo del Santo Rosario, leer algún
texto del Nuevo Testamento, al comienzo de cada uno de los misterios, relacionado
con la escena contemplada. No es el rosario una oración rápida y precipitada,
sino rezo pausado, reposado y contemplativo. Las lecturas señaladas ayudan a
lograrlo.
La presente
carta tiene como fin único invitar y animar a toda la Comunidad diocesana a
unirnos, de la mano de nuestra Madre, en profunda
comunión con el Señor. “Subir a la
estancia superior… y perseverar en la oración con un mismo espíritu.”
(Hch 1, 13-14).
Que esta
oración en común, desde tan diversos rincones y situaciones personales, ayude a
todos los diocesanos, por la fuerza del Espíritu Santo, a introducirnos aún más
en el conocimiento de Cristo, por Él en el misterio Trinitario, y desde Él en
nuestro amor fraterno.
Tenemos
para preocuparnos y pedir juntos muchas
tareas comunes. Bien podríamos orar y encomendar en cada misterio: El
próximo Sínodo de Obispos que se celebrará en Roma durante el mes de octubre;
por las vocaciones sacerdotales y de especial consagración; por los enfermos,
ancianos y moribundos; por los que carecen de recursos económicos; por quienes
no disponen de trabajo y de hogar; por la fidelidad de los esposos y su
compromiso de educar a sus hijos en la fe; por las familias en dificultades;
por los niños y jóvenes para que acertemos a presentarles el Evangelio de
Jesucristo; por la paz del mundo y para que cese el terrorismo… ¡Una Iglesia
que ora junto con María es una Iglesia viva y en camino!
Con el
Rosario en nuestras manos y unidos en comunión con toda la Iglesia, desgranemos cada
día esas cincuenta rosas llenas de fragancia y amor. Que María nos muestre el
Santo Rostro de Cristo.