El mensual MAGNIFICAT al servicio de la Palabra de Dios en la oración de la Iglesia
Escrito por Pablo Cervera Barranco -Redactor jefe de la edición española de MAGNIFICAT
domingo, 12 de octubre de 2008
La Iglesia vive de la Palabra de
Dios. Tras dos mil años, hace
suyas las palabras de san Juan: «Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos».
El Instrumentum laboris del sínodo subraya que «estas palabras resumen
la esencia de la Iglesia en su doble dimensión de escucha y de proclamación de
la Palabra de Dios».
Hace poco más de
cuarenta años, la Constitución Dei Verbum llamaba a toda la Iglesia a
redescubrir «la auténtica doctrina sobre la Revelación divina [...] para que,
entendiendo el anuncio de salvación, el mundo crea en él». Respondiendo a la
urgencia de este llamamiento, el mensual Magnificat
se ha puesto al servicio de la Palabra de Dios, palabra fundante que debe
ocupar un lugar primordial en la vida de cada cristiano. Asimismo, teniendo en
cuenta las exigencias propias de una revista, ha desarrollado la dimensión de
escucha de la Palabra de Dios con un objetivo pastoral y misionero.
Se puede decir que Magnificat despliega este «canto en
múltiples voces» que es la Palabra de Dios en la liturgia, para guiar a los
fieles a una práctica regular de «encuentro con la Escritura como fuente de vida»
(Instrumentum laboris 4).
Un mensual al servicio
de la Palabra
En el amplio campo de la
comunicación contemporánea, Magnificat
es un instrumento privilegiado que desea responder a las expectativas de los
fieles, cuyo deseo intenso de escuchar la palabra tiene, sin embargo, necesidad
de ser educado. Al proponer los textos de la liturgia, Magnificat acompaña el auspicio del Concilio Vaticano II de
«presentar a los fieles con más riqueza la mesa de la palabra de Dios» y de
abrirles «más ampliamente los tesoros bíblicos para que, en el espacio de un
determinado número de años, se lea al pueblo la parte importante de las
Sagradas Escrituras» (SC 51).
La gran mayoría de los fieles
está todavía hoy en una fase de iniciación en su relación con la Escritura;
también el encuentro litúrgico con la Palabra de Dios reviste un carácter
particularmente significativo. El fiel no se confronta con la Biblia como con
un todo difícil de abordar, sino que a través de los textos propuestos entra
poco a poco en la comprensión de la Escritura. Descubre el designio de amor del
Padre realizado en Jesucristo, sin perderse en la abundancia de una literatura
de la que no posee todas las claves de lectura, textos que a su vez tampoco son
el juguete de su sola sensibilidad personal. La Palabra propuesta a la lectura
de los fieles es la que la Iglesia, Cuerpo de Cristo, recibe para nutrirse y
vivir de ella.
La liturgia como
profundización de la Palabra
Magnificat ha optado decididamente por la liturgia para que
el acercamiento a la Palabra de Dios no se realice sólo a escala intelectual,
sino que sea una profundización en el encuentro personal con Cristo, Verbo de
Dios, que toca la vida del creyente y le provoca a una respuesta que toma forma
en la Iglesia, tal como lo testimonia la palabra de Isaías: «Como descienden la
lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá, sino que empapan la tierra
[...], así será mi palabra, la que salga de mi boca, que no tornará a mí de
vacío».
En la liturgia, más que
en ningún otro sitio, la Palabra de Dios proclamada en la asamblea aparece viva,
eficaz y penetrante (cf. Hb 4,12) porque Cristo «está presente en
su palabra, porque es él quien habla mientras se leen las Sagradas Escrituras
en la Iglesia. Por último, está presente allí en el momento en que la Iglesia
reza y canta los salmos...» (SC 7).
Múltiples acercamientos
Cuando la Palabra de Dios es percibida en su misterio de gracia, se
convierte en lugar de vida y de Vida eterna: «Esta es la vida eterna, que te
conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo» (Jn 17, 3).
Por este motivo, la celebración de la Eucaristía, impregnada de la Escritura,
así como la Liturgia de las Horas, que es toda ella una liturgia de la Palabra,
son los dos polos que estructuran el mensual Magnificat.
Esta orientación voluntaria trata de ayudar a los fieles para que
comprendan que «el Dios invisible se ha dirigido a los hombres [...] como a
amigos» para «recibirlos en su compañía» (DV
2). La Palabra comprendida y escuchada en la celebración eucarística puede, a
veces, haber sido preparada mediante una lectura atenta y ser retomada y
saboreada en una prolongada manducación.
Un acompañamiento
didáctico
Aprender a leer y amar la Escritura para apreciar «su unidad interior» y
hacer de ella «una lectura espiritual, que no es algo externo, sino una
inmersión interior en la presencia de la Palabra» es una tarea que ha recordado
el papa Benedicto XVI y que Magnificat
pone en práctica a lo largo de los días. Para no dejar que los fieles se
aventuren por caminos inciertos, los textos de la celebración dominical se
acompañan con un comentario contemporáneo: «Palabra de Dios para los
domingos».
Desde tradición inmemorial, la lectura de la Palabra de Dios se acompaña de
una predicación, la ennaratio antigua. En Magnificat, esta función la llenan los textos de meditación,
que cada día sacan a la luz un aspecto particular del Evangelio. No se trata de
ofrecer a los fieles una lectura espiritual cualquiera, sino de elegir
comentarios sacados de toda la tradición cristiana. Estas lecturas tienen como
objetivo preparar, alimentar, hacer brotar y prolongar la oración de los fieles
cuya mentalidad, cultura y sensibilidad son las de nuestro tiempo. Magnificat trabaja para favorecer el contacto,
sin prejuicios ni limitaciones arbitrarias, con la Tradición de la Iglesia; sus
representantes más destacados se codean con los más humildes y los menos
conocidos de sus miembros. Para Magnificat,
abrir los horizontes culturales y espirituales es un medio de poner a los
fieles en contacto con un abanico de respuestas que el Espíritu inspira a los
que entran en el dinamismo del diálogo con Dios.
Impregnados por la Liturgia
de las Horas
El humilde servicio ofrecido
a los laicos mediante este acercamiento plural a la Palabra de Dios se completa
con la oración de las Horas a través de los oficios de la mañana y de la tarde
inspirados en la Liturgia de las Horas y pensados especialmente para los laicos
inmersos en el corazón del mundo. Magnificat
ha soñado con reencontrar la antigua costumbre de la Iglesia de un oficio muy
simple destinado a asambleas de cristianos que no tienen otra formación que la
de la fe.
Sabemos que la Palabra de Dios transforma la vida de quienes la afrontan
con fe. Sabemos igualmente que la oración de las Horas es «un lugar
privilegiado para la formación en la oración, sobre todo gracias a los salmos,
en los que el carácter divino y humano de las Escrituras se manifiesta de forma
ideal» (Instrumentum laboris 34). Los
salmos llevan a quienes los rezan, cantan o recitan a interiorizar la Palabra
de Dios. La Liturgia de las Horas en su misma organización manifiesta cómo «la
santa Escritura tiene una importancia suma» (SC 24). La Escritura es como el jardín familiar en el que el orante
es introducido para que pasee y perciba su belleza. A través del himno que
rezuma la Palabra, pasando por los salmos, la lectura breve y las oraciones, el
fiel sigue a Cristo, que «empezando por Moisés y continuando por todos los
profetas, le explica lo que había sobre él en todas las Escrituras» (Lc 24,
27).
La oración da cuerpo al corazón
Es sin duda en la oración de las Horas donde se hace más explícita la
experiencia de la Palabra de Dios como presencia. La salmodia nos introduce en
una relación corporal con la Escritura, pone en los labios del orante las
palabras que le liberan de sí mismo para abrirle a otras experiencias y muy
particularmente para situarlo ante Dios en su desnudez primitiva en busca de
salvación. Mediante las oraciones de la mañana y de la tarde, Magnificat favorece el encuentro cordial
en el que Dios ofrece su salvación, porque no sólo Dios mora con los hombres en
su compañía, sino que quiere «admitirlos a compartir su vida» (DV 2).
HACIA MUCHO TIEMPO QUE NO ENCONTRABA UN LIBRITO TAN COMPLETO COMO EL MAGNIFICAT...LO QUE MAS ME HA GUSTADO ES LA SECCION DE LOS EXAMENES DE CONCIENCIA EN LOS DIFERENTES ASPECTOS APOYADOS EN LA PALABRA DE DIOS...ADEMAS ESTA MUY BIEN REALIZADO...ME ENCANTARIA PODER ENCONTRAR LOS NUMEROS PASADOS..DIOS LOS BENDIGA POR ESTA OBRA. NORA.
Agradecida infinitamente por hacerme sentir el eco de la Palabra para vivir mejor. Me gustaría conseguir los anteriores si fuese posible. ¿Dónde podría encontrarlos? Gracias y bendiciones.
Desde México: Llegó a nosotros este extraordinario Mensual que dejó de distribuírse. Gracias al mismo me introduje de lleno a la Liturgia de las Horas. Debería existir su versión tanto impresa como en la Web para hacer ésta más accesible a todos los hispanoparlantes. De hacerlo o existir ya, favor de notificarme, encantada me suscribiría. Saludos cordiales!!!