CARTA PASTORAL: CINCUENTA ANIVERSARIO DE CÁRITAS DIOCESANA
Escrito por Ecclesia Digital
miércoles, 12 de noviembre de 2008
A
los sacerdotes y seminaristas;
miembros de Cáritas diocesana,
interparroquiales y parroquiales;
otras asociaciones en la Diócesis en favor de la Caridad
Queridos hermanos y
hermanas:
Destacamos las
siguientes palabras de una las Proposiciones que el recién celebrado Sínodo de
los Obispos “sobre la Palabra”, ha entregado
al Sumo Pontífice: “Uno de los rasgos
característicos de la
Sagrada Escritura es la revelación de la predilección de Dios
por los pobres (cf. Mt 25, 31- 46)... la Palabra de Dios, acogida con disponibilidad,
genera abundantemente en la
Iglesia la caridad y la justicia hacia todos y sobre todo a
los más pobres” (11º)
En la Encíclica Deus
caritas est -gran regalo del Pontífice actual, Benedicto XVI, a la Iglesia como primicia de
su fecundo Magisterio- dice de Cáritas
que “es
un corazón que ve y que ama”. Añade el Papa que “el programa cristiano -el programa del Buen Samaritano, el programa de
Jesús- es un corazón que ve. Este
corazón ve dónde se necesita amor y actúa en consecuencia.” (n. 31 b).
Es cierto que si la Iglesia no estuviese al
servicio de los hombres no podría llamarse “Iglesia
de Jesucristo”. Sabemos sus discípulos que nos encomienda la misión de
continuar la labor humanizadora y salvadora que proclamó en la sinagoga de
Nazaret: “Evangelizar a los pobres.”
I.
Integrar fe y vida
Los cristianos
debemos ser, en todo tiempo y no tanto de palabra sino con obras, testigos e
imágenes de la misericordia de Dios en el seguimiento de las huellas de
Jesucristo, nuestro Maestro.
Uno de los
principales desafíos de la nueva evangelización es animar y preparar testigos
capaces de proclamar la noticia de que Dios es amor, de que Dios nos ama, de
que Jesús resucitado camina junto a nosotros y nos acompaña.
La pastoral no
puede reducirse al mantenimiento de una administración de la rica religiosidad
implantada y heredada del pasado, sino abrirse a una pastoral misionera de
servicio, atención, cercanía, de entrega amorosa en favor del necesitado. Las
preciosas imágenes del Buen Pastor, con la oveja perdida sobre sus hombros, y
del Buen Samaritano camino de la posada, con el herido que levantó de la
cuneta, deberían ser siempre la referencia en nuestros pasos.
El Catecismo de la Iglesia Católica
enseña que “los oprimidos por la miseria
son objeto de un amor de preferencia por parte de la Iglesia desde sus orígenes
y, a pesar de los fallos de muchos de sus miembros, no ha cesado de trabajar
por aliviarlos, defenderlos y liberarlos.” (n. 2448)
La opción por
tantos hermanos que extienden sus brazos, sin apenas voz, en demanda de ayuda y
amor no es una anécdota cualquiera para el cristiano. Comprometerse ante tales
situaciones pertenece a la esencia de nuestra fe, forma parte de nuestra
vocación en el seguimiento de Jesucristo.
Es muy cierto “que el ser y actuar de la Iglesia se juzgan en el
mundo de la pobreza y del dolor, de la marginación y de la opresión, de la
debilidad y el sufrimiento” (1 P. 10). Esta predicación del amor cristiano,
aun sin palabras, la entienden todos y llega a todos.
II.
En la comunidad cristiana
Para oír de verdad
la voz de los necesitados, en un mundo con tantas interferencias, es peligroso
hacerlo en solitario. Es tal el bombardeo de necesidades que llegan hasta
producir en nosotros como cierta impotencia, insensibilidad y hasta enfado.
¿Qué puedo hacer yo solo?, nos preguntamos.
La comunidad, sin
embargo, siempre tendrá alguna respuesta y, desde ella, nos sentiremos enviados
y arropados por los demás.
No olvidemos nunca
que la presencia del Espíritu Santo ha sido prometida a la comunidad y no al
individuo particular, en favor de programas o instituciones. Estos últimos son
medios al servicio de la comunidad, pero nunca podrán sustituirla. Es, en definitiva,
la comunidad la que acoge, estudia, asiste, organiza, integra, promociona y
ama.
Es toda la
comunidad cristiana organizada la
que se pone en camino para responder, por sus enviados, a tantas pobrezas y
necesidades en la misma comunidad u en otras cercanas o lejanas, a las que no
debemos cerrar nunca los ojos.
Este aspecto es
parte esencial de la acción evangelizadora de la comunidad. Es como se crea un
verdadero tejido de amor. Desde ella se integran acciones, iniciativas
diversas, compromisos compartidos, gestos de cercanía sin exclusiones para
nadie, denuncias constructivas, análisis de la realidad concreta… Es la
comunidad, en definitiva, quien asume como tareas comunes, el conjunto de
problemas a los que debe responder desde el amor cristiano.
No se trata tanto
de posibilitar una mayor eficacia o de sumar esfuerzos, para conseguir mejores
frutos, sino que lo que debe prevalecer es la respuesta de la comunidad a su
vocación de encuentro con Dios amor en los hermanos. Es la comunidad la que
experimenta al Dios en que cree para llegar hasta descubrirle en el rostro del
necesitado[1].
III.
Cáritas, en la Comunidad
diocesana
Toda comunidad, y la Diócesis lo es, desde el
abrazo a todas las comunidades que la integran, tiene la tarea y urgencia de
amar al prójimo, poner en práctica el mandamiento del amor cristiano.
La Iglesia local
necesita también promover, organizar y ordenar el servicio esencial de la
caridad, en apoyo especialmente de las comunidades parroquiales y otras
instituciones en el territorio diocesano.
Es de suma
importancia ordenar esta tarea común de toda la comunidad diocesana. La Iglesia ha sido muy
consciente de ello desde sus inicios. Así, podemos ya leer en el libro de los
Hechos de los Apóstoles, que “los
creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían sus posesiones
y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.” (2,
44-45).
Podrán variar con
el tiempo las formas en cuanto a la organización y respuesta a la vocación del
amor cristiano, pero, como escribe el Papa en la Encíclica arriba citada,
“… el núcleo central ha permanecido en la comunidad de los creyentes y no
debe haber una forma de pobreza en la que se niegue a alguien los bienes
necesarios para una vida decorosa.”
Sin remontarnos a
un pasado demasiado extenso, esta Comunidad diocesana de Jaén ha procurado en
todo tiempo responder al testamento de Jesús del Jueves Santo y a su programa
de las Bienaventuranzas, de muy diversas formas. Desde hace cincuenta años, la
organización de la Caridad
en la Diócesis
ha estado en manos fundamentalmente de tan querida institución como lo es para
todos CÁRITAS DIOCESANA[2].
IV.
Memoria y reconocimiento agradecido
Por Decreto fechado
en 5 de noviembre de 1958, aprobaba mi Predecesor en esta Sede de Jaén, el muy
querido y recordado D. Félix Romero Mengíbar, la institución de Cáritas
Diocesana.
Desde aquella
fecha, sólo Dios sabe del inmenso caudal de amor que ha transcurrido y
encauzado esta Institución.
Nos alegra poder
ofrecer, dentro de pocas fechas, una publicación desde la iniciativa de Cáritas
Diocesana, sobre las pinceladas más destacadas del discurrir de este río
caudaloso en sus cincuenta años de historia. Lo que no se puede medir, ni
recoger, es el agua que salta directamente hasta la vida eterna: la caridad
anónima y callada que obra sólo en la presencia de Dios. De Él procede esta
hoguera de amor y, aunque sea en pequeñas chispas, Él las recoge desde nuestras
torpes manos.
Enriquecieron y se
enriquecieron muchos fieles en este recorrido y bien merecen nuestro más
sincero agradecimiento y reconocimiento. Tantos sacerdotes, tantos miembros que
regalaron horas incontables e ilusiones desde Cáritas diocesana, tantos
servicios desde el amor y comunión en favor de las cáritas parroquiales,
interparroquiales, asociaciones e instituciones de fieles laicos y consagrados,
atención a emigrantes, personas sin trabajo, personas sin techo,
drogodependientes, en situaciones de especial dificultad, encarcelados… Gracias
a todos y cada uno. Los nombres que aparecen en la breve historia todavía de
tan querida institución diocesana, están ya inscritos, sobre todo, en el libro
de la Vida. Algunos
se encuentran ya en la presencia de Dios. Gracias.
ES
LA DIÓCESIS ENTERA
Toda la Comunidad diocesana de
Jaén se suma a este reconocimiento agradecido. Invito por ello a los fieles
diocesanos, particularmente a quienes desde las diversas comunidades han
participado, colaborado o forman parte de organizaciones en favor de la
caridad, al acto que celebraremos en el Seminario diocesano de Jaén el próximo día 29 del presente mes de
noviembre y a la Misa
de Acción de Gracias que tendrá lugar en la S. I. Catedral, como acto final del Encuentro[3].
Todos sabemos que la Sagrada Escritura
ilumina y explica el misterio eucarístico y que la Eucaristía es el “sacramento de la caridad”, y que desde la Palabra y la Eucaristía descubrimos
el amor infinito de Dios por cada persona. Desde la Eucaristía se
manifiesta el “amor más grande” de
Quien dio su vida por la humanidad en la cruz. Nuestro amor y nuestra unión en
Jesús Eucaristía es el que nos mueve al amor y entrega en favor del hermano,
con el mismo amor de Jesucristo. Este Sacramento eucarístico despierta nuestra
sensibilidad y nutre de fuerza nuestro pobre ser para descubrir el rostro de
Dios en tantos rostros necesitados.
CON
MIRADA DE FUTURO
En nuestras manos
está tan gran regalo. Conocemos la fuente del amor: la Eucaristía.
Escribe el Papa, en
Deus caritas est, que “una Eucaristía que no comporte un ejerció
práctico del amor es fragmentaria en sí misma.” (n. 14)
En la Eucaristía se
fundamenta el futuro de Cáritas diocesana como fuente del amor divino, caudal
de amor que hemos de repartir y vivir juntos.
Las “bodas de oro” de Cáritas diocesana
abren para todos los fieles diocesanos un nuevo capítulo de esperanza, en la
larga historia de la caridad que muy pronto llegó a estas tierras con el
Evangelio de Jesucristo.
Los tiempos son
nuevos y distintos también los corazones de los cristianos en cada época, pero
el amor es el mismo y las necesidades las mismas, aunque adornadas de diversas
circunstancias y matices. Se trata de caminar de la mano del Señor en
comunidad, “en comunión y
corresponsabilidad”, con la mirada puesta en nuestros hermanos necesitados.
Es tarea de todos.
Con mi afecto en el
Señor,
+
RAMÓN DEL HOYO LÓPEZ
OBISPO DE JAÉN
[1]En el Reglamento de Cáritas diocesana,
podemos leer: “Los cristianos no serán
dignos de llevar este nombre si no trataran de alcanzar esta caridad que viene
de Dios. Deben ofrecer testimonio de ella personalmente
y nadie está dispensado de esta obligación. Nadie, tampoco, tiene el monopolio de la caridad… Es de capital
importancia que los cristianos den su testimonio de forma solidaria, que pongan
en ella su corazón… que sus iniciativas estén coordinadas.”
(Introducción).
[2]Podemos leer en su Reglamento: “Cáritas diocesana es el organismo oficial
de la Iglesia
para promover, orientar y coordinar la acción caritativa y social de la Diócesis de Jaén. Cáritas
diocesana es miembro de Cáritas Española… Cáritas diocesana representa a todas
las Cáritas interparroquiales, parroquiales y a las Asociaciones e
Instituciones, Órdenes e Institutos de la acción caritativa de la Iglesia diocesana, en
cuanto en ella federadas, y mantiene la relación con el nivel supradiocesano de
Cáritas Regional y Española.”(arts. 1 y 4)
[3]Recibirán desde Cáritas diocesana el programa de actos para esta jornada.
Ruego especialmente a mis hermanos sacerdotes su presencia y colaboración en
favor de estos actos, así como a los miembros de las Cáritas parroquiales e
interparroquiales y demás instituciones en favor de la caridad.