Tengo la Biblia
sobre mi mesa principal, abierta de par en par...; ni más ni menos que como
tantas y tantas personas y familias. Tampoco es la primera vez que evoco esta
realidad (la Biblia en el centro de la mesa y en el centro de la vida de muchas
familias) en este espacio de El Eco.
Ahora, cuando se ha
cerrado el Sínodo sobre la Palabra y andamos en busca de iniciativas para
secundar su mandato y espíritu de “alimentarnos ante todo de la Palabra de Dios
para que resulte eficaz el compromiso de la Nueva evangelización”, como nos
pedía Benedicto XVI en la homilía de clausura del Sínodo, volvemos en estas líneas
de nuestra Hoja diocesana a la realidad de la Biblia, al libro de la Palabra de
Dios. Cinco ideas para refrescar nuestra mente y corazón cristianos.
La
Biblia, un libro diferente, único. En nuestras
casas, y lógicamente en nuestras vidas de creyentes, la Biblia no es un libro
más. No es un libro más de nuestras bibliotecas, más o menos bello o bien
encuadernado. No, ni mucho menos... La Biblia es nuestro libro por excelencia.
De ahí, la oportunidad de tenerlo especialmente visible y bien colocado; incluso,
hasta adornado. A este libro debemos mirar todos los días y en él debemos
“comer” y “beber” todos los días.
La
Biblia, un libro universal. La Biblia, desde el punto de vista
histórico y cultural, es un libro que brilla con luz propia. Especialmente rico
y enriquecedor
desde todos los ángulos y perspectivas que
se le pueda mirar y considerar. La Biblia es el libro del mundo, un libro viejo
y nuevo al mismo tiempo, con una historia incomparablemente rica. De ahí que
este libro, la Biblia, interese a tantos hombres y mujeres y desde todos los
ámbitos de la cultura y del saber.
La
Biblia, un libro santo. Eso es ante todo y sobre todo la Biblia: un
libro santo. Es el libro de Dios escrito para nosotros. La Biblia nos cuenta
cosas de Dios y sobre Dios, nos habla de su misterio y sus planes de salvación
para este
mundo, para todos y cada uno de nosotros.
Por eso besamos y veneramos la Biblia, por eso la cogemos con nuestras manos
con especial unción y gracia. Por eso la leemos y la escudriñamos con pasión y sin
cesar, porque en ella encontramos la revelación de Dios y nos encontramos con
Dios mismo. “Quien desconoce el Evangelio desconoce a Cristo”.
La
Biblia, un libro para vivir. Sí, eso es la Biblia, el libro de la vida
y para la vida. La Palabra de Dios, que leemos en la Biblia, se convierte para
nosotros
en Palabra de vida. Lo dice el Señor con
meridiana claridad: el que escucha, acoge y cumple mis Palabras es sabio y
prudente, como es sabio y prudente el que edifica su casa sobre roca firme.
“Cuando encontraba Palabras tuyas las devoraba”, dice el profeta... Si queremos
vivir y avanzar por los caminos de Dios, por los caminos de la verdadera vida
cristiana, tenemos que devorar y comer el “pan” de la Palabra, el “pan” de la
Biblia. Al estilo de la Virgen María, que vivía desde la fuerza de lo más hondo
de su corazón donde conservaba y guardaba las cosas que se decían de su Hijo,
es decir, la Palabra de Dios.
La
Biblia, un libro para difundir. La Biblia, este libro de la vida y
para la vida espiritual, es para todos. Dios se ha revelado para toda la
humanidad. Muchos no lo saben ni conocen la Biblia. En ese empeño tenemos que
vivir los
que sí la conocemos: en el empeño de que su
vida y su luz lleguen a más hombres; ¡ojalá a todos los hombres de la tierra...!
Ahí queda ahora la
pregunta: ¿es la Biblia tu libro de mesa?... ¿Es tu libro preferido?... ¿Es el libro que
devoras y escudriñas cada día?... ¿O lo tienes en un rincón de tu casa y
también de tu corazón?... ¿Qué me dices?...
Eduardo Rastrilla
- LA BIBLIA POR LO QUE FUE, ES Y SERÁ
|88.16.16.xxx
|2009-05-06 17:40:37
-Yo te lo digo; Y tú: ¿serás capaz de responderme?
Sí, lo escudriño cada día y voy a la búsqueda de un mensaje que Dios a través de este libro quiera hacerme. Y ¿si supieras lo que he encontrado? He aquí algo de mi investigación bíblica a lo que tengo acceso para ver y comprender:
-"El libro de la Biblia es un libro vivo, de palabra viva, que procede de un Dios vivo, escrito para vivos. Libro vivo en exhortación constante, de texto y contexto vivo, que Dios hace a los hombres, individualmente y en comunidad-. Y que en tanto y cuanto, y en la medida que la exhortación por Dios requerida de texto y contexto vivo es atendidad: Éste -texto y contexto vivo de la Biblia acomodándose en modo de tiempo y lugar a la realidad presente- cambia.
He aquí una experiencia constatada que a pesar de tener un peso abrumador de aplastante lógica para quien como Dios no puede mentir: es muy dificil de admiitir.
Dentro de un orden jerá...