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(Este es un poema, hecho de oración, gratitud y recuerdos, con el que mis hermanas y yo os felicitamos las fiestas navideñas).
Nacer es una osadía cuando no cuentan contigo; te negarán hasta el trigo para hacer tu eucaristía.

En aquel primer adviento se cumplió la profecía: bajó desde el cielo el Viento, llenó el mundo de alegría.
Hubo gloria en las alturas y paz para los caminos, se repartió pan y vino, esperanzas y ternura.
Aquella noche primera con su estrella y su fulgor generó mil primaveras de compromiso y amor
En Belén, casa del pan nació la primera historia: hoy se ha entibiado el afán y apagado la memoria.
Tu nombre ya no recuerdan en la encrucijada dura: ay de aquel hombre que pierda Tu estrella en tanta espesura.
Se acabaron los pastores en las noches estrelladas; reinan los depredadores y una pena acumulada
Murió la Iglesia señora, que no nació en un portal: hoy, la exigencia pascual la convierte en servidora.
Murió la Iglesia triunfal, la de grandes muchedumbres: hay que salvar el portal, revivir aquella lumbre.
Mi hogar está ya muy frío por tan constantes ausencias; que al nacer hoy, tu presencia nos regale nuevos bríos.
Hermanos Ángel y Aurora, los últimos en partir: desde entonces cada hora es un vivir y un morir.
Pues, a pesar de la pena: que arriba, con nuestra gente tengáis feliz nochebuena con un Padre sonriente.
Enmanuel, esta es Tu casa, haz aquí tu Navidad: nos ronda la soledad, nos quedan solo unas brasas
Saludo a José y María, antes de besar al Niño: ella es tenue melodía y san José me hace un guiño.
Sigue la noche encendida y sigue el portal abierto: orientemos nuestros pasos hasta este refugio cierto.
Extiendo hacia Ti mi mano, mano que tu cuna mece: la extenderé a mis hermanos con tu amor que en mí ahora crece.
Ye abro una estancia en mi casa aquí serás bienvenido: mi fe con tu amor amasa y este corazón herido
Si me aparto de tu cuna es que me llaman afuera: esta noche, con la luna volveré a estar a tu vera.
Yo lanzaré una campaña: “Se buscan adoradores, se buscan nuevos pastores que vuelvan a la Cabaña”.
Ahora con la recesión reina una angustia global: tal vez será la ocasión de regresar al portal.
Mis hermanas, mis amigos: sois todo lo que me queda al final de mi vereda: con ellos cuento y Contigo.
Padres, familia y amigos, los pilares de mi vida: al llegar la atardecida déjame estar a tu abrigo.
En este año se colmaron mis cincuenta años de cura: gracias, pues me acompañaron Tu bondad y Tu ternura
Veo que te vas durmiendo mientras te canto mi amor: mientras, me ha ido devolviendo tu sonrisa mi calor.
Hasta otro momento, amigo, tengo que hacer mis tareas; sé, Jesús de Galilea, que siempre estarás conmigo.
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