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El mensaje de Benedicto XVI para la cuaresma 2009 en 15 frases Imprimir E-Mail
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Escrito por Jesús de las Heras Muela - Director de ECCLESIA   
lunes, 02 de febrero de 2009

“Jesús, después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre” (Mt 4,2)

El ayuno es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno.

1.- “En mi acostumbrado Mensaje cuaresmal, este año deseo detenerme a reflexionar especialmente sobre el valor y el sentido del ayuno. En efecto, la Cuaresma nos recuerda los cuarenta días de ayuno que el Señor vivió en el desierto antes de emprender su misión pública”.

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2.-“Las Sagradas Escrituras y toda la tradición cristiana enseñan que el ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él. Por esto, en la historia de la salvación encontramos en más de una ocasión la invitación a ayunar”.

3.- “En el Nuevo Testamento, Jesús indica la razón profunda del ayuno, estigmatizando la actitud de los fariseos, que observaban escrupulosamente las prescripciones que imponía la ley, pero su corazón estaba lejos de Dios. El verdadero ayuno, repite en otra ocasión el divino Maestro, consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial”.

4.- “El verdadero ayuno, por consiguiente, tiene como finalidad comer el alimento verdadero, que es hacer la voluntad del Padre”.

5.- “Escribe San Pedro Crisólogo: <El ayuno es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno. Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le súplica>".

6.- “En nuestros días, parece que la práctica del ayuno ha perdido un poco su valor espiritual y ha adquirido más bien, en una cultura marcada por la búsqueda del bienestar material, el valor de una medida terapéutica para el cuidado del propio cuerpo. Está claro que ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una terapia para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios”.

7.- “Pablo VI identificaba la necesidad de colocar el ayuno en el contexto de la llamada a todo cristiano a no <vivir para sí mismo, sino para aquél que lo amó y se entregó por él y a vivir también para los hermanos>".

8.- “La práctica fiel del ayuno contribuye, además, a dar unidad a la persona, cuerpo y alma, ayudándola a evitar el pecado y a acrecer la intimidad con el Señor”.

9.-  “Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación. Con el ayuno y la oración le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de Dios”.

11.- “Al mismo tiempo, el ayuno nos ayuda a tomar conciencia de la situación en la que viven muchos de nuestros hermanos… Ayunar por voluntad propia nos ayuda a cultivar el estilo del Buen Samaritano, que se inclina y socorre al hermano que sufre”.

12.- “Para mantener viva esta actitud de acogida y atención hacia los hermanos, animo a las parroquias y demás comunidades a intensificar durante la Cuaresma la práctica del ayuno personal y comunitario, cuidando asimismo la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la limosna. Este fue, desde el principio, el estilo de la comunidad cristiana, en la que se hacían colectas especiales. Y se invitaba a los fieles a dar a los pobres lo que,  gracias al ayuno, se había recogido”.

13.- “Lo que he dicho muestra con gran claridad que el ayuno representa una práctica ascética importante, un arma espiritual para luchar contra cualquier posible apego desordenado a nosotros mismos”.

14.- “El ayuno tiene como último fin ayudarnos a cada uno de nosotros, como escribía el Papa Juan Pablo II, a hacer don total de uno mismo a Dios”.

15.- “Por lo tanto, que en cada familia y comunidad cristiana se valore la Cuaresma para alejar todo lo que distrae el espíritu y para intensificar lo que alimenta el alma y la abre al amor de Dios y del prójimo. Pienso, especialmente, en un mayor empeño en la oración, en la lectio divina, en el Sacramento de la Reconciliación y en la activa participación en la Eucaristía, sobre todo en la Santa Misa dominical”.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Modificado el ( martes, 03 de febrero de 2009 )
 
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