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Homilía en el funeral de los 14 sacerdotes vascos fusilados en la guerra Imprimir E-Mail
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Escrito por Ecclesia Digital   
sábado, 11 de julio de 2009

HOMILIAREN TESTUA Migel Asurmendi Gotzainaren ahoz zabaldua .

Queridos hermanos Obispos, sacerdotes y religiosos de los presbiterios de las Diócesis de Bilbao, San Sebastián y Vitoria, familiares de los sacerdotes por quienes celebramos esta Misa funeral, religiosas y laicos de nuestras iglesias; hermanos y hermanas en Jesucristo, el Señor muerto y resucitado.

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Nuestra celebración

Estamos reunidos hoy en el nombre del Señor, en esta Iglesia Catedral María Inmaculada de Vitoria, para vivir juntos un acto de justicia reparadora y reconciliadora. En esta celebración de la Eucaristía, memorial de la pasión, muerte y resurrección del Señor, venimos a purificar la memoria de unos acontecimientos dolorosos de nuestro pasado social y eclesial, unos hechos envueltos por el silencio durante mucho tiempo, pero nunca abandonados al olvido.

Elizkizun honetarako deia egitean esan genuenez, urte asko pasatu dira gerratik hona. Min handiak eta zauri ikaragarriak eragin ziren gertakizun latz hartan. Hainbat lagun hil ziren bai frontean eta bai mendekuen ondorenez, alderdi batak edo besteak eraginda.

[Como recordábamos hace unos días, al convocar este acto, han pasado más de siete décadas desde la trágica ruptura de la convivencia por la guerra civil. Aquella contienda provocó numerosos muertos, no sólo en los frentes de combate, sino también por las ejecuciones de represaliados y encarcelados por uno y otro bando contendientes.]

Las comunidades eclesiales de Alava, Gipuzkoa y Vizcaya, integradas entonces en la única Diócesis de Vitoria, vivieron en su propia carne pérdidas irreparables. A numerosos laicos, religiosos y presbíteros, víctimas de odios y rencores, les fue arrebatada violentamente la vida. En esta celebración nuestra memoria se abre conjuntamente a todos ellos, aunque hoy avivemos especialmente el recuerdo de un grupo concreto.

Entre julio de 1936 y junio de 1937 más de setenta sacerdotes y religiosos fueron ejecutados, dentro de la Diócesis de Vitoria, en los territorios controlados por uno y otro bando. Una parte de ellos, concretamente 14 presbíteros -doce sacerdotes diocesanos de Vitoria, un Misionero Claretiano y un Carmelita descalzo- fueron ejecutados por quienes finalmente vencieron en la contienda Estos no contaron en su día con una celebración pública de exequias y durante años sus nombres fueron relegados al silencio. (Al comenzar esta celebración se nos ha ofrecido una breve reseña acerca de sus personas.) Hoy queremos recordarlos de forma especial y orar juntamente por ellos y por todos, como servidores que fueron de una misma Iglesia y miembros de un mismo presbiterio diocesano.

La luz de la Palabra de Dios

Apocalipsis 6, 7-11

La Palabra de Dios proclamada en la primera lectura, tomada del libro del Apocalipsis, nos ha presentado en una descripción simbólica el desvelar del cuarto y el quinto sello del libro. El Cordero, símbolo de Cristo vencedor de la muerte, va abriendo los sellos. Al abrir uno surge la visión del jinete que representa la muerte violenta; al abrir el otro aparecen bajo el altar los que claman justicia por su sangre derramada. A ellos se les dice: Aguardad hasta que se complete el número de vuestros compañeros. Y más adelante entrarán a formar parte de la multitud innumerable de todo pueblo, de toda raza y lengua, que se presenta ante el trono de Dios purificada por la sangre de Cristo.

Para comprender mejor el mensaje de esta lectura es conveniente situarla en el contexto general del libro sagrado al que pertenece.

El libro del Apocalipsis contiene un mensaje dirigido a las primeras comunidades cristianas que viven el conflicto entre la fidelidad al Evangelio que podría conducirlas hasta el martirio y la tentación de su acomodación a la vida social del imperio romano.

Anuncia a los creyentes la victoria de Dios y de su Cristo como una realidad históricamente perceptible por la fe en el acontecimiento Pascual: Cristo vence sobre la muerte y las potencias de este mundo.

Apokalipsi liburu osoa da kristau elkarteari egindako dei bizia, mundu honetan argi ibiltzeko eta zuhur jokatzeko. Orduko gizartean eroso eta patxada onean bizi zirenak bizkortu nahi ditu. Fededunak bizimodu berri bat agertu behar du gizartean, Ebanjelioak mundu berri bat eskatzen baitu, Jainkoaren neurrira egina.

[Todo el libro del Apocalipsis constituye una llamada acuciante a la comunidad cristiana, para actuar con lucidez y sensatez. Quiere estimular a quienes vivían tranquilos y acomodados en aquella sociedad de su tiempo. El creyente ha de mostrar un estilo de vida renovado en medio de la sociedad, ya que el Evangelio demanda un mundo nuevo, conforme al plan de Dios.]

Juan 15,18-21

En la proclamación de la lectura del Evangelio según San Juan hemos escuchado una parte del diálogo que Jesús mantiene con sus discípulos en la última cena.

Jesús ha venido al mundo para dar a conocer el amor del Padre, extenderlo entre los hombres e iniciar la comunidad de los que se aman. Sin embargo, Jesús anuncia para sus seguidores la misma suerte que corrió Él: serán odiados y perseguidos por el mundo.

Los discípulos han sido elegidos por Jesús; pertenecen al Padre y a Él, no son del mundo. Su forma de vivir ha de ser como la de Jesús una denuncia del mundo, de sus criterios y sus estructuras, por eso el mundo los rechaza. Lo mismo le ocurrió a Jesús, y “Ningún servidor es más que su Señor”.

Purificar la memoria. Servir a la verdad. Pedir perdón

La Palabra de Dios que hemos escuchado ilumina nuestra vida, nos ayuda a contemplar con nueva luz el pasado y a situarnos adecuadamente, como discípulos de Jesús, en el tiempo presente.

Como manifestamos hace unos días, al convocar esta celebración, deseamos prestar un servicio a la verdad, que es uno de los pilares básicos para construir la justicia, la paz y la reconciliación. El Papa Benedicto XVI, al comienzo de su Encíclica Caritas in veritate, manifiesta: “defender la verdad, proponerla con humildad y convicción y testimoniarla en la vida son formas exigentes e insustituibles de caridad”.

No queremos reabrir heridas, sino ayudar a curarlas o a aliviarlas. Queremos contribuir a la dignificación de quienes han sido olvidados o excluidos y a mitigar el dolor de sus familiares y allegados. Queremos pedir perdón e invitar a perdonar.

El Papa Juan Pablo II instruyó a toda la Iglesia acerca de la necesidad de purificar la memoria (Incarnationis mysterium 11).

Decía concretamente:

“La purificación de la memoria pide a todos un acto de valentía y humildad para reconocer las faltas cometidas por quienes han llevado y llevan el nombre de cristianos.”

Y subrayaba la solidaridad eclesial con el pasado:

Por el vínculo que nos une a unos y otros en el mismo Cuerpo místico, y aún sin tener responsabilidad personal ni eludir el juicio de Dios, el único que conoce los corazones, somos portadores del peso de los errores y de las culpas de quienes nos han precedido.

No conocemos con detalle las dolorosas circunstancias que envolvieron la muerte de todos los sacerdotes que hoy recordamos y por los que pedimos. Ciertamente aquellas muertes eran injustificables incluso en circunstancias tan oscuras como las de aquel momento.

Apaiz lagun eta eliztar askok argi eta garbi esan zutenez, apaiz lanetan zintzo zebiltzanean harrapatu zituzten eta hil. Eliz artaldearen zerbitzariak ziren; egoera konplikatu hartako premiei erantzuten ahalegindu ziren. Ondo ere ondo ezagutzen dugu On Mateo Mujika gotzainak haien alde esandakoa. Agintariek Gasteizetik alde egitera behartu ondoren, handik bederatzi urtera, banan-banan gogoratu zituen gotzainak apaiz haien izenak gutun ireki batean.

[El testimonio de muchos de sus feligreses y compañeros sacerdotes pone de relieve que fueron apresados cuando ejercían su ministerio sacerdotal con dedicación y entrega al pueblo a ellos encomendado, esforzándose por responder a las necesidades de aquella complicada situación. Conocemos también el valioso testimonio a su favor de D. Mateo Múgica, entonces Obispo de Vitoria, obligado por los gobernantes al exilio, quien nueve años después de las ejecuciones recuerda en una Carta abierta a cada uno de aquellos sacerdotes y religiosos.]

En el Boletín Oficial de la Diócesis (del 15 octubre de 1936) sólo consta el fallecimiento de los dos primeros sacerdotes que fueron fusilados antes de la salida forzosa del Obispo diocesano. Más tarde se extendió sobre todos ellos un lamentable silencio de largos años.

El recuerdo de estos sacerdotes no ha caído nunca en el olvido ni por parte de sus familiares, ni de los feligreses de sus parroquias, ni de los presbiterios diocesanos y órdenes religiosas a los que pertenecían.

Pero no es justificable, ni aceptable por más tiempo, el silencio que en los medios oficiales de nuestra Iglesia ha envuelto la muerte de estos sacerdotes. Por ello este acto de hoy tiene una dimensión de reparación y reconocimiento, de servicio a la verdad para purificar la memoria. Creemos que tan largo silencio no ha sido sólo una omisión indebida, sino también una falta a la verdad, contra la justicia y la caridad. Por ello, con humildad, pedimos perdón a Dios y a nuestros hermanos.

Siguiendo el ejemplo de Jesús que en la cruz invocaba al Padre diciendo “perdónales porque no saben lo que hacen”, nos atrevemos también a pedir perdón, incluso en nombre de nuestros hermanos sacerdotes, para quienes les quitaron injustamente la vida.

Reconciliados con Dios y con los hombres, podremos ser mensajeros de la reconciliación que Jesucristo ha confiado a su Iglesia en medio del mundo.

*************

Dios Padre de bondad realiza ahora algo nuevo entre nosotros. En el amor que perdona, anticipa ya los cielos nuevos y la tierra nueva, en que habita su justicia. Al rememorar los dolorosos efectos de aquella contienda que nunca debió producirse, nuestra mirada está también puesta en el futuro. Pedimos a Dios que conceda a nuestra sociedad la luz y la fuerza necesarias para rechazar siempre la violencia como medio de resolución de las diferencias y conflictos.

Jainkoak indar dezala gure sinesmena; sendo dezala gure itxaropena; bultza dezala gure maitasuna, mundu berri baten alde joka dezagun, zuzentasunaren eta bakearen bideetatik.

Aldara gainean, Jesusek bere neurrigabeko maitasuna agertzen digu, gizon-emakume guztien alde bere bizia eskainiz. Bera dugu zuzengabekeriaz hildako gizon zuzena. Berak eskuratzen digu Jainkoaren errukia. Bere zauriak sendatzen gaituzte.

[Que Dios robustezca nuestra fe, acreciente nuestra esperanza y haga cada vez más activa la caridad, para que vivamos un renovado compromiso de testimonio cristiano en la construcción de un mundo más justo y en paz.

Sobre nuestro altar, Jesucristo actualiza la entrega de su propia vida por amor a los hombres y mujeres de todos los tiempos. Él es el Justo injustamente sacrificado. Él nos acerca la misericordia de Dios. Sus heridas nos curan.]

Nuestra Eucaristía es hoy acción de gracias y alabanza a Dios Padre que nos ofrece el perdón y la misericordia sin límites; por Jesucristo su Hijo, que vence el poder del odio y de la muerte, y resucita para la salvación de los seres humanos; en el Espíritu Santo, que derrama en nuestros corazones el amor de Dios y nos ofrece la vida nueva, la reconciliación y la paz.

Gasteiz –Maria Sortzez Garbiaren Katedrala – 2009-07-11

BERTSOS CANTADOS POR ANDONI LEKUONA TRAS LA COMUNIÓN

Gidariak izan ziran;

egin zuten hamaika lan. (bis)

Gure senide bihotzekoak

gerrak zituen eraman;

bizia ziguten eman.

Gogoan dezagun izan (bis)

Hildakoak oroitzean

sentipenak bihotzean. (bis)

Behin betirako bildu gaitezen

azken arnasa galtzean,

bizitzaren arratsean,

Goiko Aitaren Etxean. (bis)

ORACIÓN DE LOS FIELES

JAINKOAREN HERRIAREN OTOITZA

Introducción / Sarrera

Hasiera-hasieratik otoitz egiten du Elizak hildakoen alde, Jainkoaren errukiari dei eginez eta Jesusen piztueran parte eman diezaiela eskatuz.

Por la palabra de Dios que hemos escuchado sabemos que nuestro destino no es la muerte, sino la participación en la resurrección del Señor. Oremos, pues, por nuestros hermanos difuntos a quienes hoy recordamos, y por todos nuestros hermanos vivos y muertos.

Peticiones / Eskariak

- Egin dezagun otoitz mundu guztiko Elizaren alde eta Euskal Herriko gure Elizen alde:

que nuestras Iglesias diocesanas y toda la Iglesia universal sean por su palabra y sus obras mensajeras de la Buena Noticia de Jesús,

eska diezaiogun Jaunari. R/. Gure otoitza entzun, Jauna.

- Oremos por todas las víctimas que padecieron la persecución y la muerte en nuestra guerra civil, especialmente por los hermanos sacerdotes, religiosos y laicos de nuestras diócesis:

senide arteko gure gerrateak guztiontzat ekarri zuen negarrak eta kalteak ez gaitzala gorrotora eta mendekura eraman, baizik eta eraiki ditzagula zuzenbide, errespetu, barkamen eta maitasunezko bideak, senide arteko elkarbizitzarako,

eska diezaiogun Jaunari. R/. Gure otoitza entzun, Jauna.

- Oremos por los 12 sacerdotes diocesanos, un religioso carmelita y otro claretiano, por quienes en su día no se celebró funeral ni se oró públicamente en la comunidad cristiana,

beren bizitzan maite izan zuten Jainkoak onar ditzala errukiz eta maitasunez, eta eman diezaiela betiko atsedena,

eska diezaiogun Jaunari. R/. Gure otoitza entzun, Jauna.

- Egin dezagun otoitz mundu guztiko bakearen alde eta bereziki gure herriko bakearen alde:

que el Señor nos conceda un corazón según el Espíritu, capaz de perdonar y de colaborar junto con los demás en favor de la verdadera paz, y que quienes ejercen la autoridad actúen con plena responsabilidad buscando el bien común en la verdad y en la justicia, por encima de otros intereses,

eska diezaiogun Jaunari. R/. Gure otoitza entzun, Jauna.

- Azkenik, egin dezagun otoitz hildako hauen familiakoen alde eta gaur ospakizun hau egitera hemen bildu garenon alde:

que los familiaren de los difuntos a quienes hoy recordamos y cuantos participamos en esta celebración nos sintamos reconfortados en la esperanza cristiana, seamos mensajeros de la Buena Noticia de Jesús resucitado y colaboradores al servicio de una convivencia fraterna,

eska diezaiogun Jaunari. R/. Gure otoitza entzun, Jauna.

Conclusión / Bukaerako otoitza

Tú, Señor, a quien Jesús nos enseñó a llamarte Padre porque nos acoges como hijos e hijas y quieres congregarnos en una verdadera familia de hermanos, escucha con amor las súplicas que te dirigimos.

Emaiezu, Jauna, gaur gogoan ditugun gure senide apaizei eta gainerako senideei betiko atsedena; indartu ezazu gugan itxaropena, eta egizu, izan gaitezela geure senideen artean bakegile eta itxaropen-sortzaile. Jesu Kristo gure Jaunaren bitartez. R/. Amen.

 

Comentarios
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gladys  - Gloria a Dios   |24.200.82.xxx |2009-07-11 16:50:51


Alabado seas Dios por nuestro martires! que su sangre derramada
fortalezca nuestras debilidades y frialadad! Purficanos Señor Dios nuestro
! " Es justo y necesario dar gloria a Dios en todo lugar ,accion o
circunstancia en el dolor en la alegria y en las injusticias ...ya que
fuimos redimidos por la Sangre del Cordero Divino! y por tantos otros
Cristos que han colaborado con su martirio a la salvacion de las almas.
amen.
Primo   |213.37.207.xxx |2009-07-12 15:01:10
Espero que este gesto de los Obispos de las Diócesis vascas vaya acompañado, en
un futuro no muy lejano, por otro acto igual de solemne pidiendo perdon por los
silencios, cuando no complicidades, de buena parte del clero vasco, incluidos
Obispos, con el nacionalismos criminal que tanto sufrimiento ha causado. No no
llega con una condena formal del terrorismo cuando tantos muertos victimas de
ETA han tenido que salir por la puerta de atras. ¿Estaría Setién en esa Misa?
Bruno   |80.32.43.xxx |2009-07-12 21:19:46
Me parece una burla. Escamotean unas pocas palabras de piedad a los que son
asesinados en las calles de Vascongadas por los terroristas un día sí y otro
también y hablan de "reparación y reconocimiento" de otros que han
muerto -cruel e injustamentes, cierto- hace setenta años. De risa.
miguelf  - Cristo para todos.   |88.5.20.xxx |2009-07-12 22:02:00
Dios Padre ilumina las mentes perniciosas para que todos seamos uno en Cristo,
incluidos TODOS los que derramaron su sangre en esa contienda inútil, con la
bendición de toda la Jerarquía esclesiastica Española, sin tomar partido humano
por nungún bando, todos fueron ultrajados y violentados.
Oemos por el eterno
descanso de sus Almas.
Amén.
Paloma   |80.58.205.xxx |2009-07-13 21:58:37
No fueron iguales los dos bandos, lo siento. No es cuestión de repartir las
culpas a mitades para solucionar el tema. Que cada palo aguante su vela y Dios
que juzgue a cada uno. Por lo demás, me parece muy tarde 70 años de espera para
celebrar unos funerales. Y sí, yo también echo en falta que la Iglesia en el
País Vasco pida perdón por el amparo que algunos de sus presbíteros han dado al
terrorismo. Esto sí que es responsabilidad directa de cierto clero. Espero,
pues, que Azurmendi, pida perdón en nombre de la Iglesia, esta vez sí responsble
directa del silencio, frialdad ante las víctimas, y cobertura directa al
terorismo.

En fin, qué pena. Me parece desacertado el gesto de los obispos. La
homilía no es justa, confunden igualdad con igualitarismo.
José Luis Díez  - Hipócritas   |88.28.104.xxx |2009-07-14 15:31:50
El acto del sábado en Vitoria ha servido, sobre todo, para alentar ese montaje
político de la memoria histórica, obra de los del mandil.Aunque les ha salido el
tiro por la culata, porque mucho anuncio, mucho atobus gratis y a parte de
Setien y doscientos sacerdotes ¿quienes les han respaldado conm su asistencia?
Cuatro gatos.
Y pregunto: ¿A quien obedecen estos infiltrados en la Iglesdia
católica?
Más valiera que se ocupasen de sus seminarios vacios, reflejo de sus
almas sin fe.
Los hombres, en el pleno sentido de signbificado viril habrían
reaalizado ese acto en su momento y no como los malos torerrtos sacando la
taleguilla a toro pasado.
¡Qué pena y que decepción cuando se presenten a Pedro
Botero con las manos vacias y sin arado!
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