La iglesia católica líder mundial contra el SIDA POR Mons. Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos
Escrito por Ecclesia Digital
domingo, 17 de agosto de 2008
Los días 3 al 8 de este mes de agosto se ha
celebrado en México la Conferencia Mundial del SIDA. Entre los diversos actos
se encuentra la presentación del mapa de esta temible y contagiosa enfermedad:
algo más de treinta y dos millones, repartidos fundamentalmente entre América
del Norte (1.300.000), América del Sur (1.600.000), Asia (casi 5 millones),
Europa (760.000) y África subsahariana (22.500.000).
La Iglesia Católica no podía faltar a esta cita
mundial. No en vanoes la institución no
estatal que presta más ayuda médica en el nivel internacional. Pues aporta el
27% de los recursos que se destinan contra la pandemia, frente al 44% que
aportan todos los gobiernos del mundo juntos. Además, los datos recurrentes
insisten en dos hechos fundamentales: la Iglesia consigue resultados excelentes
en la relación medios económicos-efectos conseguidos y su atención preferente
se centra en los lugares y personas a las que no llegan otras ayudas.
El inmenso esfuerzo asistencial de la Iglesia
Católica contra la pandemia se canaliza a través de 5.256 hospitales, 17.530
dispensarios, 577 leproserías y 15.208 residencias para ancianos. A ello hay
que añadir las numerosas instituciones que están implicadas en la lucha contra
el Sida. Junto a Cáritas Internacional –que opera en más de cien países- hay
otras numerosas instituciones y asociaciones internacionales, como las
Vicentinas, Comunidad de san Egidio, Camilianos, Jesuitas, religiosas de la
Madre Teresa de Calcuta, Farmacéuticos católicos y el Hospital del Niño Jesús
de la Santa Sede.
La Iglesia Católica tiene una larga historia en la
atención a los más favorecidos por falta de recursos, enfermedad o marginación.
Ya en las primeras comunidades cristianas cada domingo se realizaba una colecta
para que el obispo pudiese ayudar a los huérfanos, encarcelados, enfermos,
transeúntes, viudas, etcétera. Esta ayuda fue tan importante, que contó con una
institución específica, el diaconado. Su relieve llegó a ser tan grande, que de
ella salieron durante mucho tiempo los Papas. Más adelante surgieron diversas
Órdenes religiosas e individuos que respondieron a la peste, la lepra, la
malaria, la esclavitud, etcétera. Al aparecer el Sida la Iglesia no se hizo
esperar en darle su específica respuesta.
La Iglesia no considera la enfermedad como castigo
sino como medio para probar la misericordia de Dios. Ya desde la enseñanza y
práctica de Jesús se insiste en que no pecó el enfermo que es portador de
ceguera, sordera y otras enfermedades. Ciertamente, la Iglesia no oculta que
tantas veces el Sida se contrae por unas relaciones sexuales improcedentes y
por la infidelidad conyugal. De hecho, propone como elementos fundamentales
para controlar esta pandemia la abstinencia sexual y la fidelidad conyugal. Y
no debe ir muy descaminada, a juzgar por los resultados. Un país tan afectado
por el Sida, como Uganda, ha pasado del 15% de contagios al 5% en la ultima
década con la aplicación de la abstinencia y el respaldo a la fidelidad
conyugal.
Un antiguo compañero mío en el Pontificio Consejo
de la Familia, el médico y sacerdote francés Jacques Saudeau, ha manifestado en
una entrevista a L’Osservatore Romano que «si desea una verdadera prevención,
es necesario hacerver a las personas
que deben modificar su comportamiento sexual, principal causante de la difusión
de la enfermedad». Y añadía: Mientras no se haga un esfuerzo en este sentido,
no se estará realizando una verdadera campaña de prevención».